BITÁCORA DE UN NÁUFRAGO INDIGNADO



Desde una isla casi desierta, un Robinson en el océano de la globalización. Atento/conectado/indignado veo pasar el mundo nada indiferente. Una verbena, un gran guiñol, un despropósito… Mas no puedo huir del sinsentido; estoy enganchado al destino de los demasiado humanos. Estoy condenado a pensar el mundo y verterlo en palabras y lanzarlo al mar en botellas de ceros y unos.



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domingo, 29 de julio de 2012

EL AVISO HELENO



Estoy de paso por España. La encuentro en estado catatónico, pero al menos la gente está cabreada y le empieza a pasar factura a los verdaderos culpables (El PPOE, según la encuesta estival de El País, está en caída libre). Es un aviso a navegantes, pero hay más, pues veo la noche de ayer sábado en En Portada (¿cuánto le queda al programa y a la 2?) el documental Sintagma, crisis y catarsis (http://www.rtve.es/noticias/20111103/sintagma-portada-pone-rostro-crisis-griega/473021.shtml). Atinado guion de Yolanda Sobero, producido por Ana Pastor, otra víctima propiciatoria de la nueva PPTVE franquista. El protagonista es el novelista Petros Márkaris, que ha encontrado en la serie negra un instrumento efectivo para escarbar en la miseria a la que los políticos griegos y los acreedores franco-alemanes han condenado a la cuna de la democracia. ¿Dónde está esa conciencia crítica en la literatura española? Márkaris apunta hacia la clase política como dilapidadora de los generosos fondos que venían de Bruselas... Ellos lo han gastado de manera irracional y provechosa, sin aprovechar la ocasión para confeccionar un tejido productivo acorde con los económicos y financieros contemporáneos. De acuerdo con la primera parte acusatoria, pero yo me pregunto, ¿realmente el eje Berlín-París hubiera dejado que Grecia fuese poco más que un mercado para colocar sus productos y un solar para poner en juego las especulaciones de sus bancos? ¿Tiene otro destino diferente el grupo de los PIGS? Me temo que no, que eso ya lo han diseñado más allá de las declaraciones pomposas y demás retórica europeísta. En lo que respecta a España queda bastante bien explicado en el capítulo "Consensonomics: la ideología económica en la CT", dentro del revelador libro CT o la Cultura de la Transición.

Sorprende también que ese documental, filmado hace meses hable de un país en descomposición total, de unos síntomas que ya están presentes en España. Cambiamos el alfabeto heleno por el latino, la plaza Sintagma por Sol y casi todos los planos podrían atribuirse al solar ibérico, ya tan desolado como el de los vecinos de oriente. ¿Esto también forma parte de ese guión preestablecido elaborado por los poderosos del Norte? Documentales de carga ideológica tan moderada los emiten ahora a hurtadillas caniculares; en breve los prohibirán en el nuevo orden policial, antiabortista iluminado por ese “muera la inteligencia” tan del gusto de la secular caverna ibérica. Me voy a la isla.

sábado, 14 de julio de 2012

MENTIRAS ARRIESGADAS

     

La crisis que nos carcome ha deparado múltiples análisis, sobre todo de esa ciencia inexacta, tan dependiente de los presupuestos ideológicos, que llamamos economía. También los sociólogos, psicólogos y politólogos han metido el escalpelo en este cadáver nada exquisito en que se está convirtiendo Europa. El fenómeno es de tal magnitud que exige otras hermenéuticas que apuntan hacia lo axiológico, porque también estamos en una crisis de valores. En un mundo que ha laminado las humanidades, donde parece que rigen en exclusiva las disciplinas mensurables, esto puede sonar a metafísica, pero la antropología ha demostrado que el ser humano acompaña sus distintas culturas de un sistema de valores determinado y acompasado al devenir histórico. Así pues, no estaría de más recurrir a esta perspectiva etológica para arrojar algo de luz en este túnel que atravesamos y que es especialmente oscuro es España, nuestro campo de estudio.
El franquismo se sustentó en un edificio axiológico de descomunal hipocresía. España como “faro de occidente”, reino de la “paz y prosperidad”, ejemplo de “civilización cristiana”, “democracia orgánica”, etc. La mendaz ideología nacional católica (en las antípodas de los genuinos valores evangélicos) arropó el dominio de las oligarquías económicas, militares y eclesiásticas,  al tiempo que impregnaba todo el tejido económico, sociológico y cultural de un país amordazado. Las cajas de ahorro -no en vano llamadas “montes de piedad”- eran un ejemplo de esta manera de operar “por el Imperio hacia Dios” que justificaba con falso pietismo las operaciones financieras de la casta privilegiada. Conforme avanzó el desarrollismo de los sesenta, la expansiva clase media fue forjando un sistema de valores paralelo basado en el esfuerzo personal y familiar que garantizó cierto éxito económico hasta la democracia.
La “cultura de la Transición” deparó un reposicionamiento de las oligarquías, que adquirieron los hábitos (más en el sentido de vestuario que de costumbre) democráticos y la emergencia de una nueva clase política en la que también se fue posicionando la izquierda socialdemócrata. Los españoles se lanzaron a una carrera en la reclamación de derechos, entendible tras tantos años de represión fascista. Nuestro régimen de libertades respondió a ese lícito impulso, pero también estaba impregnando el tejido social una tendencia a que esos derechos fueran patrimoniales, vitalicios y no siempre acompañados de deberes. Tanto habíamos sufrido en la dictadura que los profesores no numerarios serían automáticamente profesores titulares, los contratados públicos funcionarios y así en una cadena de reivindicaciones que convirtieron nuestra administración en una maquinaria a la larga inviable. También en el tejido laboral predominaron estos planteamientos reivindicativos, justificados sin duda, pero sin contrapesarlos con otros mecanismos que incentivaran la productividad. Así mismo con el avance del “capitalismo en democracia” fue arraigando en una España que no había realizado la “revolución protestante” una cultura materialista en la que el dinero era lo más importante. La ética del esfuerzo que habían asumido las clases medias durante el desarrollismo fue virando hacia el oportunismo del pelotazo, obscenamente exhibido por la élite financiera (el mito de Mario Conde) y jaleado por los mass media. En el español de a pie fue arraigando la idea de que lo más importante era colocarse, más que demostrar capacidad, operatividad y excelencia. Los partidos políticos y las organizaciones sindicales contribuyeron enormemente a ello convirtiéndose en agencias de colocación. De manera sostenida y pertinaz los dos grandes partidos políticos principalmente, en connivencia con las organizaciones sindicales y patronales, fueron acaparando esferas del tejido productivo y social para colocar a sus peones en empresas públicas y semipúblicas, televisiones, cajas de ahorro, etc. Así se ha ido orquestando la gran mentira de la “cultura de la Transición” (en eso ha habido continuidad con el franquismo): la apropiación de las parcelas públicas por la clase senatorial en nombre del legítimo ejercicio democrático. El cortijo financiero de las cajas de ahorro ha sido el primer embuste en desbaratarse de esta enorme estafa. Lo estamos pagando todos los ciudadanos mientras los responsables quedan impunes por la complicidad del PPOE, ese monstruo bicéfalo que es el principal beneficiado y que reparte las migajas entre otros partidos, sindicatos y patronal. ¿Cuánto tardarán en caer los otros chiringuitos? Me temo que eso está en manos de unos ciudadanos indignados, hartos pero también atenazados por un miedo que la clase política está interesada en socializar. La casta senatorial mantendrá su privilegiada situación con la amenaza de “nosotros o el caos”… Los votantes tenemos la responsabilidad de terminar con ese chantaje, que parece resultar efectivo (ahí está el caso griego).
Resulta curioso comprobar que mientras la crisis ha empezado a horadar el Estado de Bienestar y, en consecuencia, a desmontar esa mentalidad garantista que había adormecido un poco al ciudadano medio ibérico, nuestra “clase senatorial” no se mueve ni un milímetro de sus posiciones de privilegio patrimonial. Los tremendos sacrificios que están asumiendo las clases trabajadoras apenas les afectan. Mientras los ciudadanos asumimos a la fuerza una nueva ética de la supervivencia (mucho más los miles de jóvenes obligados a emigrar), los políticos y sus paniaguados refrendan su supervivencia en el limbo ventajista. La derecha desgobernante, que nunca ha tenido otra moral que la de aprovecharse del poder en todos sus recovecos, está recurriendo a las mentiras más escandalosas para justificar lo injustificable. Su nivel ético ha sido y es deplorable (ya lo demostraron en la crisis del 15M, lo confirma el “¡que se jodan!” de la niña Fabra). A su vez los socialistas están hipotecados por su arraigo en el referido régimen de privilegios, por lo que no tienen autoridad moral para presentar una alternativa creíble. Unos y otros saben que las decisiones ahora se toman en Berlín o en Bruselas y todos sus esfuerzos se encaminan a mantener su estatus. Ante este chantaje se impone un rearme moral de la ciudadanía que obligue a los causantes de los desfalcos financieros o de otro tipo a asumir sus responsabilidades (por la vía judicial, pero también política), que acabe con los privilegios de esta casta senatorial y el uso filibustero que hace de las instituciones… Ellos han demostrado que no quieren cambiar su ética ventajista, por lo que tendremos que ser nosotros quienes les obliguemos. Correremos el riesgo de que nos llamen antisistema, pero ante un sistema podrido e injusto, nacido de un secuestro interesado de los estamentos democráticos, ¿no es un rasgo de decencia declararse “antisistema”?

          JAIME MIÑANA. FILÓSOFO    http://ruinasdelnaufragio.blogspot.com/  @jaimeminana



viernes, 13 de julio de 2012

LA NIÑA FABRA

A la niña Fabra le molesta que la chusma que no ha logrado adaptarse a la jungla social que sueñan los neoliberales perciba el subsidio de desempleo. Los parados son seres débiles que, como bien estableció el bueno de Spengler, no les queda otra que ser pasto de los depredadores. Qué vamos a hacer, la naturaleza es así de cruel y la sociedad debe imitar a la naturaleza creada por Dios. La niña Fabra creció fuerte gracias al “buen hacer” de su insigne padre, imputado en no sé cuántas causas en las que ha salido casi indemne en un país donde los jueces son una casta al servicio de los poderosos. Estudió derecho, que es como un manual de instrucciones para medrar en la jungla; no demostró especiales capacidades ni jurídicas ni intelectuales, pero enseguida encontró cobijo en la maquinaria política del PP y aledaños (Telefónica). No necesitó demostrar su valía, preparación y excelencia, el partido y sus satélites estaban allí para abrirle paso en la jungla como senadora o diputada. Además, formó sociedad matrimonial con José Güemes, el encargado por Esperanza Aguirre de desmontar el sistema de salud público madrileño. Por eso la niña Fabra ha sido la portavoz improvisada que nos ha hecho el favor de traducir al román paladino el farragoso dialecto tecnocrático con el que pretendía enredarnos Rajoy. Ese “¡Que se jodan!” es la quintaesencia destilada, sin los eufemismos habituales, del pensamiento spengleriano de la derecha española, que está perdiendo incluso esa hipócrita pátina caritativa que le deparaba su proclamado catolicismo (la Iglesia no condena estas minucias de sus parroquianos, tan entretenida como está con los gays y la relajación moral en Occidente). Por eso, en el fondo, le tenemos que estar agradecidos a esta niña Fabra que declara a Hacienda 9.375,59 euros con dos préstamos hipotecarios que alcanzan los 1.700.000 euros, que cobra dietas de desplazamientos provinciales cuando reside en Pozuelo de Alarcón, etc. Esta noche, impactado por su “heroica sinceridad”, he soñado que ella subía como una Maria Antonieta levantina al cadalso ubicado en el centro de la Plaza de la Concordia esperando que la afilada cuchilla de la justicia cayera sobre su cabeza castaña mientras ese populacho que tanto desprecia (había muchos desempleados) gritaba “¡Que te jodas!”. Pero no estamos en Messidor sino en julio ni esto es París, sino el centro del ruedo, digo jungla, ibérica.


viernes, 8 de junio de 2012

POR EL CAMBIO DE RÉGIMEN

              


¿Se hunde España? Los cimientos sobre los que está fundamentada nuestra democracia parecen estar carcomidos. La Monarquía ha perdido crédito, los políticos y los partidos tienen valoraciones bajo mínimos, el poder judicial, el sistema bancario, la clase empresarial, los sindicatos están bajo sospecha… El Gobierno vuelve a configurarse con un atajo de inútiles improvisadores, el Estado de Bienestar estás siendo desmantelado por mor de la prusiana austeridad, los defraudadores se van de rositas mientras la Agencia Tributaria persigue pecata minuta del ciudadano medio, RTVE vuelve a la matriz franquista en que nació, volvemos al Estado policial a golpe de ley reaccionaria (otra muestra del alma liberal del PP)... La confianza, valor esencial de todo pacto social, se ha quedado aquí tetrapléjica. Ya nadie se fía del tendero, de su médico de cabecera, del taller mecánico, de la SGAE, de la Iglesia, de la funeraria de la esquina.

Tras la miseria asesina del Franquismo los ciudadanos españoles habíamos otorgado un cheque en blanco a la clase política para conducir este país hacia la Modernidad, aquí siempre aplazada o estrangulada. Se cambió formalmente el régimen, de Dictadura a Monarquía parlamentaria, de centralismo “por Dios y por España” a Estado autonómico, de ordeno y mando cuartelario a división de poderes, del Cesaropapismo al “Estado aconfesional”, de la represión a un corpus de libertades y derechos, etc. Los ciudadanos españoles, especialmente la izquierda, “amnistiamos” a los asesinos vencedores para garantizar la convivencia, asumimos el ventajismo de los que se habían lucrado durante el Franquismo, toleramos el ejercicio de travestismo democrático de una derecha autoritaria, otorgamos un concordato de privilegio a la Iglesia heredera de la Cruzada… La generosidad y templanza del pueblo español fue inconmensurable en este reto por recuperar las libertades en la senda de la Modernidad. Ese inmenso caudal de confianza esperanzada fue depositado en manos de una clase política que emergía al amparo de la ansiada democracia. Por miedo a la endémica inestabilidad política de los tiempos republicanos se nos dotó de un sistema electoral que primaba las mayorías –y a la larga el bipartidismo- y la elección de candidatos por el aparato de los partidos. Guiados por este “miedo al caos de la República” nuestra clase política se dotó de unos derechos y privilegios que garantizarían su eterna estabilidad y la convertirían en “casta senatorial”. En ese contexto vertiginoso territorios y ciudadanos entraron en una dinámica de reivindicación de derechos en la que los deberes quedaban más bien diluidos. Todas las regiones demandaban el autogobierno de las históricas (café para todos), los funcionarios exigieron amplios derechos al tiempo que se iban ampliando las plazas, las universidades levantaron el pendón de una autonomía que fue derivando hacia las taifas regidas por endogamias nada excelentes…

Los generosos fondos europeos vinieron a financiar esta progresiva deriva de apropiación de los sectores públicos por parte de la voraz casta dirigente que fue extendiendo su dominio desde las instituciones, cajas, consejos de administración de empresas semipúblicas, entidades culturales, etc. Por no hablar de la corrupción sistémica que anidó en las administraciones –las municipales especialmente- a partir del boom del ladrillo, en connivencia con los agentes inmobiliarios y financieros... Se fraguó una alianza de intereses entre el poder económico (los capitales provenientes de la jungla franquista y los chacales del nuevo ecosistema) y la casta senatorial (los políticos de la Democracia) camuflada por retóricas desarrollistas, progresistas o populistas de cara a la galería. La continuación de esta historia es bien conocida por todos (“de aquellos polvos….”). La hecatombe económica está demoliendo este edificio de la “cultura de la Transición” (Fernández Savater) al tiempo que revela su coartada ventajista. Ante este striptease que airea semejantes vergüenzas, el Gobierno no se da por enterado y la oposición socialista oculta con máscara de “indignación” el miedo a que se sepa toda la verdad. El PPOE no quiere que cambien las cosas, pues se desmontaría ese chiringuito que tanto les ha costado articular y tantos beneficios les ha reportado. Como la Corona (<<Lo siento mucho…>>), amagan una catarsis escénica que oculte la podredumbre del libreto que representan. Pero ya casi nadie parece creerse la función.

Siguiendo la máxima de Lampedusa, nuestra clase senatorial pretende cambiar algunas cosas para que todo siga igual. Pero bajo la lustrosa bandera de la Democracia hay muchas cosas que no han mudado tanto en España desde el cortijo franquista. Principalmente porque no hemos asumido el modus operandi de esa Europa avanzada donde nos queríamos mirar: la Modernidad apenas ha rozado el Ruedo Ibérico. Hemos pasado desde el medievo nacional-católico a la posmodernidad de alharacas de una película de Almodóvar. Más allá del envoltorio colorista asoma el pelo de la dehesa de Frascuelo, el Patio de Monipodio y el brazo incorrupto de Santa Teresa (la Iglesia ha revelado tras su velo taranconiano la faz más reaccionaria). Hemos construido autovías y Aves que llevan a ciudades sin tejido industrial, hemos multiplicado universidades de mucho vasallaje y pocos activos dinamizadores, estamos desmantelando los meritorios avances que habíamos realizado en I+D+I o energías renovables, etc. Más allá de su obsesión por detener la hemorragia, el plan oculto del Gobierno es recalentar la economía reactivando el ladrillo (la ley de Costas es todo un síntoma), el turismo masivo y otras medidas cortoplacistas mientras se mantiene la desigualdad creciente plasmada en el injusto sistema fiscal. Como ha demostrado el caso Bankia, les interesa la supervivencia del régimen de privilegios que representan no la prosperidad del país ni su modernización (en eso coinciden con la clase dirigente franquista). Como en aquellos tiempos, los que sobren se irán al extranjero (ahora es nuestra juventud mejor preparada). Se impone pues un cambio profundo en el modus operandi de nuestra democracia y eso pasa por el recambio de esta clase política. No es cuestión de “renovación juvenil” (Soraya, Leire Pajín o Eduardo Madina también son el “viejo régimen), sino de cambio de personas, de mentalidades y, sobre todo, de formas de actuar. Aunque el hartazgo ciudadano demuestra que este cambio ya ha comenzado, es necesario articularlo. ¿Cómo? Activando ese tejido social ciudadano que la clase senatorial ha querido narcotizar para su beneficio. No les voten, no les sigan en los medios, no les escuchen, háganles sentir como unos apestados... Eso es ampliable para banqueros, especuladores, evasores y demás aprovechados. El 15-M ha puesto en marcha una corriente que ha ido concretándose en yayo-flautas, plantes ante desahucios, movilizaciones contra injusticias palmarias, denuncias de chanchullos como Bankia ante los juzgados, etc. Los ciudadanos apaleados pero activados debemos hacer sentir nuestro poder y exigir unos representantes a la altura de las exigencias democráticas. Un “cambio de régimen” para salvar la Democracia.


                    Jaime Miñana. Filósofo @jaimeminana



lunes, 4 de junio de 2012

GUILLOTINA PARA LAS TOGAS Y CUERDA PARA RATO

   

Leo en un periódico editado en Madrid del célebre movimiento que se consagró en Sol: "15M: Hay cuerda para rato". Creo que  no han sido conscientes de la subversión semántica que entrañla segunda parte del titular. A mí me gustaría asistir al ahorcamiento (simbólico, claro, estamos en tiempos políticamente correctos) de ese reo con gemelos de oro y de tantos otros que han arruinado el país con unas aventuras financieras que ahora nos cuestan 500 euros a cada ciudadano español.

Menos mal que nos queda el humor del pueblo, el salero andaluz para exorcizar tanta ingnominia, tanto abuso, tanto despropósito...:   http://www.youtube.com/watch?v=iop2b3oq1O0&sns=em

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Se hacen patentes dos amenazas del Gobierno de Rajoy: la amnistía fiscal (los ricos siempre ganan) y la defunción del efímero periodo independiente de Radiotelevisión Española. La doble alma del PP se hace presente: liberal en lo económico,  autoritaria (de raícés franquistas, sí) en la gestión de derechos. El liberalismo desbocado nos ha llevado a la ruina, el autoritarismo da entrada al Gran Hermano. Entre tanto los jueces hacen de su toga un sayo (miserable Vívar) mientras se condena a un artista por cocinar un Cristo de celuloide hace cuarenta años... Habrá que exiliarse en Francia, dice Krahe, y me temo que no es una figura literaria...


lunes, 28 de mayo de 2012

GRANDES MENTIRAS, GRANDES HIPOCRESÍAS

El pasado día 19 de mayo hablábamos de La Gran mentira, la de ese iceberg podrido de las finanzas españolas que ahora emerge con su pestilencia. Hablábamos allí de cómo ese sistema se había sostenido con la concurrencia ventajistas de los partidos... De todos y de los sindicatos. Con la hecatombe empieza la ceremonia de la Gran Hipocresía: el PPOE se niega a investigar en una comisión parlamentaria clarificadora, los socialistas amagan algún gesto de exigencia de responsabilidades. IU exhibe la cara moralista cuando han sacado buena tajada, especialmente de Caja Madrid (miren las hemerotecas). Decididamente necesitamos una tabula rasa y mandar al exilio a casi toda la clase política.



sábado, 19 de mayo de 2012

LA GRAN MENTIRA


        
Decía Jacques Lacan que en todas las familias existe la “historia heroica” y la verdad, esta última casi siempre prosaica, inquietante, siniestra incluso. En la gran familia de la España democrática triunfante (post 1992), ha existido un relato heroico muy reiterado: el milagro económico, el país con más calidad de vida, la creatividad ibérica… En el clímax del periodo expansivo se esgrimieron superlativas afirmaciones refrendadas por éxitos deportivos: “superamos a Italia y vamos a por Francia, tenemos el mejor sistema financiero del mundo, construimos más casas que toda Europa Occidental junta, nuestras empresas triunfan en el mercado globalizado”, etc. Ese ciclo económico expansivo fue diseñado por el Gobierno neoliberal de Aznar, a través de la Ley del suelo de 1998, la liberalización del sistema financiero (hagan ustedes de su capa un sayo) y asumido con ingenuo optimismo socialdemócrata por Zapatero. Así pues, las cajas de ahorro de toda la vida se convirtieron en agresivas promotoras inmobiliarias, generosas repartidoras de hipotecas y sagaces tiburones del océano financiero. Los políticos entraron en su gestión reservándose, junto a los sindicatos, puestos en los Consejos de Administración, con sabrosas comisiones y VISAS oro. Mientras las cosas fueron bien, casi nadie cuestionó este relato, aunque muchos conocían los abusos, privilegios y prebendas que allí se otorgaban. La fiesta colectiva, el vino a raudales, como bien se sabe, ciega el entendimiento.
                Caídos aquellos ídolos de pies de barro, desvelada aquella falaz historia heroica, todos se rasgan las vestiduras. El desmoronamiento de Bankia ha sido la espoleta que ha empezado a volar todos esos mitos. La maquinaria mediática del PP, siempre tan certera, echa la culpa al Director del Banco de España -ese señor obsesionado con la reforma laboral mientras los cuatreros campaban en su predio-, que lo puso ZP… Por otro lado los socialistas y los sindicatos claman al cielo cuando ellos han participado del gran banquete o protagonizado episodios similares (¿recuerdan Caja Castilla-La Mancha?). El PPOE, con la connivencia sindical, ha utilizado las cajas como prolongación de las fantasmagorías de los gobiernos autonómicos que controlaban. No obstante, ha sido el partido del actual Gobierno quien ha propiciado la mayor falla financiera (madrileño-valenciana): la locura de Bancaja, campeona de la inversión del ladrillo o de entelequias como Terra Mítica o La Ciudad de la Luz y Caja Madrid, teatro de operaciones de la expansión inmobiliaria y de las banderías entre Gallardón y Espe. Hasta el gran mito pepero de la competencia económica, Rodrigo Rato, ha sido tragado por el agujero que él contribuyó a ennegrecer. Finalmente el gobierno neoliberal del PP ha ¡nacionalizado! su perla de la corona y ha dejado con las vergüenzas al aire al “saneado sistema financiero español”. Entre tanto, echándole la culpa al gasto público, Rajoy y Cia han desmantaledado el Estado de Bienestar y hora retornamos al punto de partida del 2008: la crisis de los bancos.
Esa mentira, proclamada por Zapatero y Rajoy, cuestionada en el extranjero, es el corazón cancerígeno de un régimen de apropiación de cajas que sostuvo los privilegios y delirios de grandeza de la “clase senatorial” (alianza de políticos, financieros y grandes empresarios). Es también el epicentro de la Gran Mentira a la que nos han sometido con la connivencia de los periodistas (tan incisivos ahora, ¿por qué no lo denunciaron antes?) y una buena parte de la ciudadanía que miraba con deseo las migajas de la Grande Bouffe. El caso es que los responsables de este desastre se van de rositas -con indemnizaciones millonarias incluso- mientras los contribuyentes pagamos la cuenta con recortes, co/repagos y sobreimpuestos. Qué curioso, cuando Gorigolzarri se ha hecho cargo de Bankia ha cambiado a los gestores políticos por técnicos. Esa es la clave del Gran Fraude de estas “décadas de progreso”, que hemos dejado la gestión en manos de los políticos y sus mezquinos intereses en detrimento de la excelencia y competencia profesionales. Y eso es aplicable, salvo honrosas excepciones, al tejido socioeconómico que controlaban los “senadores” (cajas, empresas de “participación pública”, obras faraónicas, etc.), prolongación de sus caprichos políticos. Esa mentalidad de señorito se extendía a la Administración (el Gran Cortijo), con tantas plazas ocupadas por designación partidista, contaminaba la universidad (regida por la endogamia de pequeño cortijo), empresas satelizadas y demás. Podemos aprovechar la hecatombe -esto es más que una crisis- para promover la genuina democratización y modernización que requiere el país, para pasar de esa mentalidad ventajista y clientelar (herencia de una inercia dictatorial) a otra donde imperen los méritos de competencia profesional. Los indignados han diagnosticado bien: es necesario un cambio de sistema, pasar página de esta lectura ventajista y bandolera de la “cultura de la Transición” (Fernández Savater) y jubilar una clase política infectada. Porque la mayor parte de los partidos (PPOE a la cabeza), organizaciones empresariales y sindicatos defienden ese podrido sistema que tendría que reinventarse con urgencia bajo nuevos presupuestos y nuevas personas. Para ello sería necesario un radical cambio ético y, habida cuenta de la condición humana (y de nuestra picaresca particular), una estricta normativa de control y fiscalización en la gestión de todos los fondos públicos y de los cargos con exigencia de resultados. No es fácil que los “senadores” abandonen sus privilegios, aunque quizá la ruina total cambie las cosas… Entre tanto, en Europa ya nos han calado (no se tragan más relatos quijotescos) y ojalá nos presionen para que desmantelemos del todo esta Gran Mentira, esa fastuosa fachada de cartón piedra que oculta el Patio de Monipodio. No han cambiado tanto las cosas desde los tiempos de Cervantes…

Jaime Miñana     @jaimeminana