BITÁCORA DE UN NÁUFRAGO INDIGNADO



Desde una isla casi desierta, un Robinson en el océano de la globalización. Atento/conectado/indignado veo pasar el mundo nada indiferente. Una verbena, un gran guiñol, un despropósito… Mas no puedo huir del sinsentido; estoy enganchado al destino de los demasiado humanos. Estoy condenado a pensar el mundo y verterlo en palabras y lanzarlo al mar en botellas de ceros y unos.



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lunes, 28 de enero de 2013

REGENERACIÓN ÉTICA PARA RECUPERAR LA DEMOCRACIA

España está al borde del colapso en el frente económico, pero también en el político. Las soluciones a esta tremenda crisis de origen financiero son principalmente políticas (los técnicos siempre sirven al establishment, como bien ha demostrado el caso italiano). Sin embargo nuestros políticos se empecinan en defender sus privilegios y a una cleptocracia cuyos desmanes se se van exhumando mientras la gente pierde empleos, derechos y nivel de vida. No es un problema de un partido (aunque el PP ahora se lleva la palma), es un cáncer sistémico. La clase política es responsable, pero también los ciudadanos: porque lo hemos permitido, porque en parte hemos sido cómplices por acción (votándolos) u omisión (mirando hacia otro lado). El colectivo de los políticos es una muestra de un tejido social ibérico que está corrompido hasta en las entretelas. Desde la Corona hasta los niveles bajos de la administración, pasando por jueces, banqueros, empresarios…, casi todos están ya bajo sospecha. Para atajar esta metástasis se requiere una regeneración en todos los ámbitos, un rearme ético en la gestión de la res publica y en las relaciones económico-sociales; y debe empezar por las instancias políticas... Pero, como bien se ha demostrado en la salida en falso del caso Gürtel/Bárcenas/financiación ilegal de los partidos, la pantomima y el malabarismo se imponen sobre una verdadera investigación para que afloren las miserias. ¿Alguien puede creer en una genuina voluntad esclarecedora de la sede de la calle Génova tal como se ha planteado? Este tipo de pseudocatarsis está más próxima a la astracanada o al esperpento, géneros muy ibéricos por cierto (¿por qué será?). Los ciudadanos empiezan a percibirlo así, pues recientes encuestas radiografían la desafección hacia nuestros gestores públicos y su peculiar proceder en un porcentaje creciente de ciudadanos indignados: ya no les creemos. Nuestra democracia está amenazada por la espada de Damocles de la desconfianza total que puede caer en cualquier momento con heridas imprevisibles…; y la casta política será la principal responsable, aunque también lo son unos ciudadanos que, no obstante, pueden redimirse activándose para salvar la criatura democrática tirando el agua sucia al sumidero de la Historia.
Las causas de este desastre son amplias y profundas. El régimen de la Transición se orquestó intentando evitar la endeblez, el caos y los desequilibrios de la II República y, con tal fin, se reforzó el poder de los partidos a través de las listas cerradas, las laminadoras mayorías, el control de los organismos, etc. Todo este blindaje se ha convertido en una maquinaria al servicio de un bipartidismo arrollador que ha colonizado todas las instancias del Estado asesinando el espíritu de Montesquieu (la división de poderes), así como cajas de ahorro y otras plataformas económicas y sociales. Surge así una perversa simbiosis de las élites económico-financieras con las políticas propiciando una dinámica extractiva y de complicidades mafiosas que nos ha llevado al actual desastre. Regenerar este tejido canceroso va a ser difícil, porque esa “entente simbiótica” es la principal interesada en mantener su dominio… Con tal fin recurrirán a malabarismos, falsas metamorfosis o calculados relevos de mascarones de proa para que las cosas se mantengan igual… La mentira sistemática ha sido su principal aliada y ahora que hemos descubierto que tiene las patas cortas, están en un nuevo tour de force de cinismo mediático (casi todos los medios de la derecha responden a consignas de Génova y la totalidad es dependiente de grandes grupos financieros).
La salida a este colapso pasa por el desmontaje de esta versión “posmoderna y formalmente democrática” de nuestro inveterado régimen señorial, la recuperación de una democracia real (no secuestrada como la de ahora) que haga viable la participación y el poder de los ciudadanos. Pero se impone también un profundo cambio ético y de mentalidad. El régimen de la Transición se ha ido asociando al enriquecimiento fácil, a una actitud dominante de nuevos ricos, sin escrúpulos; ese proceder ventajista ha contagiado a todos, desde la Corona hasta la base social, auspiciado por la citada élite financiero-política. Sorprende que durante el franquismo, frente a la moral hipócrita y rapiñadora de los dominadores nacional-católicos se fuera extendiendo en las clases medias y trabajadoras otra ética del sacrificio y el esfuerzo sobre la que se edificó el progreso desarrollista. Así pues, en una democracia que se precie debemos exigir una nueva ética del servidor público basada en el servicio y no en el provecho. Para que ello se haga efectivo hay que implementar una legislación de exigencias muy estrictas. Los cambios positivos y civilizados en este país de escasa tradición democrática han sido gracias a las leyes. Me comentaba un amigo argentino cómo cuando se asentó en Madrid en 1976 era de buen tono jactarse de defraudar a Hacienda, tendencia que cambió el ordenamiento jurídico antifraude, como ocurriría con la conducción temeraria, la violencia machista, el tabaquismo y tantos otros ejemplos. Pero para que esas leyes anticorrupción y a favor de la transparencia sean realidad me temo que tenemos que prescindir de la actual clase senatorial y sus cómplices económicos… Estamos, por tanto, en un círculo vicioso que solo puede romperse por catarsis o por paulatina putrefacción… O por la respuesta contundente de los ciudadanos. Está en juego nuestra democracia, que debe pasar de formal a real.

Jaime Miñana.  Filósofo  (@aimeminana)



sábado, 14 de julio de 2012

MENTIRAS ARRIESGADAS

     

La crisis que nos carcome ha deparado múltiples análisis, sobre todo de esa ciencia inexacta, tan dependiente de los presupuestos ideológicos, que llamamos economía. También los sociólogos, psicólogos y politólogos han metido el escalpelo en este cadáver nada exquisito en que se está convirtiendo Europa. El fenómeno es de tal magnitud que exige otras hermenéuticas que apuntan hacia lo axiológico, porque también estamos en una crisis de valores. En un mundo que ha laminado las humanidades, donde parece que rigen en exclusiva las disciplinas mensurables, esto puede sonar a metafísica, pero la antropología ha demostrado que el ser humano acompaña sus distintas culturas de un sistema de valores determinado y acompasado al devenir histórico. Así pues, no estaría de más recurrir a esta perspectiva etológica para arrojar algo de luz en este túnel que atravesamos y que es especialmente oscuro es España, nuestro campo de estudio.
El franquismo se sustentó en un edificio axiológico de descomunal hipocresía. España como “faro de occidente”, reino de la “paz y prosperidad”, ejemplo de “civilización cristiana”, “democracia orgánica”, etc. La mendaz ideología nacional católica (en las antípodas de los genuinos valores evangélicos) arropó el dominio de las oligarquías económicas, militares y eclesiásticas,  al tiempo que impregnaba todo el tejido económico, sociológico y cultural de un país amordazado. Las cajas de ahorro -no en vano llamadas “montes de piedad”- eran un ejemplo de esta manera de operar “por el Imperio hacia Dios” que justificaba con falso pietismo las operaciones financieras de la casta privilegiada. Conforme avanzó el desarrollismo de los sesenta, la expansiva clase media fue forjando un sistema de valores paralelo basado en el esfuerzo personal y familiar que garantizó cierto éxito económico hasta la democracia.
La “cultura de la Transición” deparó un reposicionamiento de las oligarquías, que adquirieron los hábitos (más en el sentido de vestuario que de costumbre) democráticos y la emergencia de una nueva clase política en la que también se fue posicionando la izquierda socialdemócrata. Los españoles se lanzaron a una carrera en la reclamación de derechos, entendible tras tantos años de represión fascista. Nuestro régimen de libertades respondió a ese lícito impulso, pero también estaba impregnando el tejido social una tendencia a que esos derechos fueran patrimoniales, vitalicios y no siempre acompañados de deberes. Tanto habíamos sufrido en la dictadura que los profesores no numerarios serían automáticamente profesores titulares, los contratados públicos funcionarios y así en una cadena de reivindicaciones que convirtieron nuestra administración en una maquinaria a la larga inviable. También en el tejido laboral predominaron estos planteamientos reivindicativos, justificados sin duda, pero sin contrapesarlos con otros mecanismos que incentivaran la productividad. Así mismo con el avance del “capitalismo en democracia” fue arraigando en una España que no había realizado la “revolución protestante” una cultura materialista en la que el dinero era lo más importante. La ética del esfuerzo que habían asumido las clases medias durante el desarrollismo fue virando hacia el oportunismo del pelotazo, obscenamente exhibido por la élite financiera (el mito de Mario Conde) y jaleado por los mass media. En el español de a pie fue arraigando la idea de que lo más importante era colocarse, más que demostrar capacidad, operatividad y excelencia. Los partidos políticos y las organizaciones sindicales contribuyeron enormemente a ello convirtiéndose en agencias de colocación. De manera sostenida y pertinaz los dos grandes partidos políticos principalmente, en connivencia con las organizaciones sindicales y patronales, fueron acaparando esferas del tejido productivo y social para colocar a sus peones en empresas públicas y semipúblicas, televisiones, cajas de ahorro, etc. Así se ha ido orquestando la gran mentira de la “cultura de la Transición” (en eso ha habido continuidad con el franquismo): la apropiación de las parcelas públicas por la clase senatorial en nombre del legítimo ejercicio democrático. El cortijo financiero de las cajas de ahorro ha sido el primer embuste en desbaratarse de esta enorme estafa. Lo estamos pagando todos los ciudadanos mientras los responsables quedan impunes por la complicidad del PPOE, ese monstruo bicéfalo que es el principal beneficiado y que reparte las migajas entre otros partidos, sindicatos y patronal. ¿Cuánto tardarán en caer los otros chiringuitos? Me temo que eso está en manos de unos ciudadanos indignados, hartos pero también atenazados por un miedo que la clase política está interesada en socializar. La casta senatorial mantendrá su privilegiada situación con la amenaza de “nosotros o el caos”… Los votantes tenemos la responsabilidad de terminar con ese chantaje, que parece resultar efectivo (ahí está el caso griego).
Resulta curioso comprobar que mientras la crisis ha empezado a horadar el Estado de Bienestar y, en consecuencia, a desmontar esa mentalidad garantista que había adormecido un poco al ciudadano medio ibérico, nuestra “clase senatorial” no se mueve ni un milímetro de sus posiciones de privilegio patrimonial. Los tremendos sacrificios que están asumiendo las clases trabajadoras apenas les afectan. Mientras los ciudadanos asumimos a la fuerza una nueva ética de la supervivencia (mucho más los miles de jóvenes obligados a emigrar), los políticos y sus paniaguados refrendan su supervivencia en el limbo ventajista. La derecha desgobernante, que nunca ha tenido otra moral que la de aprovecharse del poder en todos sus recovecos, está recurriendo a las mentiras más escandalosas para justificar lo injustificable. Su nivel ético ha sido y es deplorable (ya lo demostraron en la crisis del 15M, lo confirma el “¡que se jodan!” de la niña Fabra). A su vez los socialistas están hipotecados por su arraigo en el referido régimen de privilegios, por lo que no tienen autoridad moral para presentar una alternativa creíble. Unos y otros saben que las decisiones ahora se toman en Berlín o en Bruselas y todos sus esfuerzos se encaminan a mantener su estatus. Ante este chantaje se impone un rearme moral de la ciudadanía que obligue a los causantes de los desfalcos financieros o de otro tipo a asumir sus responsabilidades (por la vía judicial, pero también política), que acabe con los privilegios de esta casta senatorial y el uso filibustero que hace de las instituciones… Ellos han demostrado que no quieren cambiar su ética ventajista, por lo que tendremos que ser nosotros quienes les obliguemos. Correremos el riesgo de que nos llamen antisistema, pero ante un sistema podrido e injusto, nacido de un secuestro interesado de los estamentos democráticos, ¿no es un rasgo de decencia declararse “antisistema”?

          JAIME MIÑANA. FILÓSOFO    http://ruinasdelnaufragio.blogspot.com/  @jaimeminana



viernes, 8 de junio de 2012

POR EL CAMBIO DE RÉGIMEN

              


¿Se hunde España? Los cimientos sobre los que está fundamentada nuestra democracia parecen estar carcomidos. La Monarquía ha perdido crédito, los políticos y los partidos tienen valoraciones bajo mínimos, el poder judicial, el sistema bancario, la clase empresarial, los sindicatos están bajo sospecha… El Gobierno vuelve a configurarse con un atajo de inútiles improvisadores, el Estado de Bienestar estás siendo desmantelado por mor de la prusiana austeridad, los defraudadores se van de rositas mientras la Agencia Tributaria persigue pecata minuta del ciudadano medio, RTVE vuelve a la matriz franquista en que nació, volvemos al Estado policial a golpe de ley reaccionaria (otra muestra del alma liberal del PP)... La confianza, valor esencial de todo pacto social, se ha quedado aquí tetrapléjica. Ya nadie se fía del tendero, de su médico de cabecera, del taller mecánico, de la SGAE, de la Iglesia, de la funeraria de la esquina.

Tras la miseria asesina del Franquismo los ciudadanos españoles habíamos otorgado un cheque en blanco a la clase política para conducir este país hacia la Modernidad, aquí siempre aplazada o estrangulada. Se cambió formalmente el régimen, de Dictadura a Monarquía parlamentaria, de centralismo “por Dios y por España” a Estado autonómico, de ordeno y mando cuartelario a división de poderes, del Cesaropapismo al “Estado aconfesional”, de la represión a un corpus de libertades y derechos, etc. Los ciudadanos españoles, especialmente la izquierda, “amnistiamos” a los asesinos vencedores para garantizar la convivencia, asumimos el ventajismo de los que se habían lucrado durante el Franquismo, toleramos el ejercicio de travestismo democrático de una derecha autoritaria, otorgamos un concordato de privilegio a la Iglesia heredera de la Cruzada… La generosidad y templanza del pueblo español fue inconmensurable en este reto por recuperar las libertades en la senda de la Modernidad. Ese inmenso caudal de confianza esperanzada fue depositado en manos de una clase política que emergía al amparo de la ansiada democracia. Por miedo a la endémica inestabilidad política de los tiempos republicanos se nos dotó de un sistema electoral que primaba las mayorías –y a la larga el bipartidismo- y la elección de candidatos por el aparato de los partidos. Guiados por este “miedo al caos de la República” nuestra clase política se dotó de unos derechos y privilegios que garantizarían su eterna estabilidad y la convertirían en “casta senatorial”. En ese contexto vertiginoso territorios y ciudadanos entraron en una dinámica de reivindicación de derechos en la que los deberes quedaban más bien diluidos. Todas las regiones demandaban el autogobierno de las históricas (café para todos), los funcionarios exigieron amplios derechos al tiempo que se iban ampliando las plazas, las universidades levantaron el pendón de una autonomía que fue derivando hacia las taifas regidas por endogamias nada excelentes…

Los generosos fondos europeos vinieron a financiar esta progresiva deriva de apropiación de los sectores públicos por parte de la voraz casta dirigente que fue extendiendo su dominio desde las instituciones, cajas, consejos de administración de empresas semipúblicas, entidades culturales, etc. Por no hablar de la corrupción sistémica que anidó en las administraciones –las municipales especialmente- a partir del boom del ladrillo, en connivencia con los agentes inmobiliarios y financieros... Se fraguó una alianza de intereses entre el poder económico (los capitales provenientes de la jungla franquista y los chacales del nuevo ecosistema) y la casta senatorial (los políticos de la Democracia) camuflada por retóricas desarrollistas, progresistas o populistas de cara a la galería. La continuación de esta historia es bien conocida por todos (“de aquellos polvos….”). La hecatombe económica está demoliendo este edificio de la “cultura de la Transición” (Fernández Savater) al tiempo que revela su coartada ventajista. Ante este striptease que airea semejantes vergüenzas, el Gobierno no se da por enterado y la oposición socialista oculta con máscara de “indignación” el miedo a que se sepa toda la verdad. El PPOE no quiere que cambien las cosas, pues se desmontaría ese chiringuito que tanto les ha costado articular y tantos beneficios les ha reportado. Como la Corona (<<Lo siento mucho…>>), amagan una catarsis escénica que oculte la podredumbre del libreto que representan. Pero ya casi nadie parece creerse la función.

Siguiendo la máxima de Lampedusa, nuestra clase senatorial pretende cambiar algunas cosas para que todo siga igual. Pero bajo la lustrosa bandera de la Democracia hay muchas cosas que no han mudado tanto en España desde el cortijo franquista. Principalmente porque no hemos asumido el modus operandi de esa Europa avanzada donde nos queríamos mirar: la Modernidad apenas ha rozado el Ruedo Ibérico. Hemos pasado desde el medievo nacional-católico a la posmodernidad de alharacas de una película de Almodóvar. Más allá del envoltorio colorista asoma el pelo de la dehesa de Frascuelo, el Patio de Monipodio y el brazo incorrupto de Santa Teresa (la Iglesia ha revelado tras su velo taranconiano la faz más reaccionaria). Hemos construido autovías y Aves que llevan a ciudades sin tejido industrial, hemos multiplicado universidades de mucho vasallaje y pocos activos dinamizadores, estamos desmantelando los meritorios avances que habíamos realizado en I+D+I o energías renovables, etc. Más allá de su obsesión por detener la hemorragia, el plan oculto del Gobierno es recalentar la economía reactivando el ladrillo (la ley de Costas es todo un síntoma), el turismo masivo y otras medidas cortoplacistas mientras se mantiene la desigualdad creciente plasmada en el injusto sistema fiscal. Como ha demostrado el caso Bankia, les interesa la supervivencia del régimen de privilegios que representan no la prosperidad del país ni su modernización (en eso coinciden con la clase dirigente franquista). Como en aquellos tiempos, los que sobren se irán al extranjero (ahora es nuestra juventud mejor preparada). Se impone pues un cambio profundo en el modus operandi de nuestra democracia y eso pasa por el recambio de esta clase política. No es cuestión de “renovación juvenil” (Soraya, Leire Pajín o Eduardo Madina también son el “viejo régimen), sino de cambio de personas, de mentalidades y, sobre todo, de formas de actuar. Aunque el hartazgo ciudadano demuestra que este cambio ya ha comenzado, es necesario articularlo. ¿Cómo? Activando ese tejido social ciudadano que la clase senatorial ha querido narcotizar para su beneficio. No les voten, no les sigan en los medios, no les escuchen, háganles sentir como unos apestados... Eso es ampliable para banqueros, especuladores, evasores y demás aprovechados. El 15-M ha puesto en marcha una corriente que ha ido concretándose en yayo-flautas, plantes ante desahucios, movilizaciones contra injusticias palmarias, denuncias de chanchullos como Bankia ante los juzgados, etc. Los ciudadanos apaleados pero activados debemos hacer sentir nuestro poder y exigir unos representantes a la altura de las exigencias democráticas. Un “cambio de régimen” para salvar la Democracia.


                    Jaime Miñana. Filósofo @jaimeminana



sábado, 19 de mayo de 2012

LA GRAN MENTIRA


        
Decía Jacques Lacan que en todas las familias existe la “historia heroica” y la verdad, esta última casi siempre prosaica, inquietante, siniestra incluso. En la gran familia de la España democrática triunfante (post 1992), ha existido un relato heroico muy reiterado: el milagro económico, el país con más calidad de vida, la creatividad ibérica… En el clímax del periodo expansivo se esgrimieron superlativas afirmaciones refrendadas por éxitos deportivos: “superamos a Italia y vamos a por Francia, tenemos el mejor sistema financiero del mundo, construimos más casas que toda Europa Occidental junta, nuestras empresas triunfan en el mercado globalizado”, etc. Ese ciclo económico expansivo fue diseñado por el Gobierno neoliberal de Aznar, a través de la Ley del suelo de 1998, la liberalización del sistema financiero (hagan ustedes de su capa un sayo) y asumido con ingenuo optimismo socialdemócrata por Zapatero. Así pues, las cajas de ahorro de toda la vida se convirtieron en agresivas promotoras inmobiliarias, generosas repartidoras de hipotecas y sagaces tiburones del océano financiero. Los políticos entraron en su gestión reservándose, junto a los sindicatos, puestos en los Consejos de Administración, con sabrosas comisiones y VISAS oro. Mientras las cosas fueron bien, casi nadie cuestionó este relato, aunque muchos conocían los abusos, privilegios y prebendas que allí se otorgaban. La fiesta colectiva, el vino a raudales, como bien se sabe, ciega el entendimiento.
                Caídos aquellos ídolos de pies de barro, desvelada aquella falaz historia heroica, todos se rasgan las vestiduras. El desmoronamiento de Bankia ha sido la espoleta que ha empezado a volar todos esos mitos. La maquinaria mediática del PP, siempre tan certera, echa la culpa al Director del Banco de España -ese señor obsesionado con la reforma laboral mientras los cuatreros campaban en su predio-, que lo puso ZP… Por otro lado los socialistas y los sindicatos claman al cielo cuando ellos han participado del gran banquete o protagonizado episodios similares (¿recuerdan Caja Castilla-La Mancha?). El PPOE, con la connivencia sindical, ha utilizado las cajas como prolongación de las fantasmagorías de los gobiernos autonómicos que controlaban. No obstante, ha sido el partido del actual Gobierno quien ha propiciado la mayor falla financiera (madrileño-valenciana): la locura de Bancaja, campeona de la inversión del ladrillo o de entelequias como Terra Mítica o La Ciudad de la Luz y Caja Madrid, teatro de operaciones de la expansión inmobiliaria y de las banderías entre Gallardón y Espe. Hasta el gran mito pepero de la competencia económica, Rodrigo Rato, ha sido tragado por el agujero que él contribuyó a ennegrecer. Finalmente el gobierno neoliberal del PP ha ¡nacionalizado! su perla de la corona y ha dejado con las vergüenzas al aire al “saneado sistema financiero español”. Entre tanto, echándole la culpa al gasto público, Rajoy y Cia han desmantaledado el Estado de Bienestar y hora retornamos al punto de partida del 2008: la crisis de los bancos.
Esa mentira, proclamada por Zapatero y Rajoy, cuestionada en el extranjero, es el corazón cancerígeno de un régimen de apropiación de cajas que sostuvo los privilegios y delirios de grandeza de la “clase senatorial” (alianza de políticos, financieros y grandes empresarios). Es también el epicentro de la Gran Mentira a la que nos han sometido con la connivencia de los periodistas (tan incisivos ahora, ¿por qué no lo denunciaron antes?) y una buena parte de la ciudadanía que miraba con deseo las migajas de la Grande Bouffe. El caso es que los responsables de este desastre se van de rositas -con indemnizaciones millonarias incluso- mientras los contribuyentes pagamos la cuenta con recortes, co/repagos y sobreimpuestos. Qué curioso, cuando Gorigolzarri se ha hecho cargo de Bankia ha cambiado a los gestores políticos por técnicos. Esa es la clave del Gran Fraude de estas “décadas de progreso”, que hemos dejado la gestión en manos de los políticos y sus mezquinos intereses en detrimento de la excelencia y competencia profesionales. Y eso es aplicable, salvo honrosas excepciones, al tejido socioeconómico que controlaban los “senadores” (cajas, empresas de “participación pública”, obras faraónicas, etc.), prolongación de sus caprichos políticos. Esa mentalidad de señorito se extendía a la Administración (el Gran Cortijo), con tantas plazas ocupadas por designación partidista, contaminaba la universidad (regida por la endogamia de pequeño cortijo), empresas satelizadas y demás. Podemos aprovechar la hecatombe -esto es más que una crisis- para promover la genuina democratización y modernización que requiere el país, para pasar de esa mentalidad ventajista y clientelar (herencia de una inercia dictatorial) a otra donde imperen los méritos de competencia profesional. Los indignados han diagnosticado bien: es necesario un cambio de sistema, pasar página de esta lectura ventajista y bandolera de la “cultura de la Transición” (Fernández Savater) y jubilar una clase política infectada. Porque la mayor parte de los partidos (PPOE a la cabeza), organizaciones empresariales y sindicatos defienden ese podrido sistema que tendría que reinventarse con urgencia bajo nuevos presupuestos y nuevas personas. Para ello sería necesario un radical cambio ético y, habida cuenta de la condición humana (y de nuestra picaresca particular), una estricta normativa de control y fiscalización en la gestión de todos los fondos públicos y de los cargos con exigencia de resultados. No es fácil que los “senadores” abandonen sus privilegios, aunque quizá la ruina total cambie las cosas… Entre tanto, en Europa ya nos han calado (no se tragan más relatos quijotescos) y ojalá nos presionen para que desmantelemos del todo esta Gran Mentira, esa fastuosa fachada de cartón piedra que oculta el Patio de Monipodio. No han cambiado tanto las cosas desde los tiempos de Cervantes…

Jaime Miñana     @jaimeminana




sábado, 21 de abril de 2012

RAJOY, ¿SENTIDO COMÚN O SINSENTIDO?


Uno de los leitmotivs de Mariano Rajoy y de su Gobierno es advocar la “sensatez” y el “sentido común”. La derecha española siempre ha gobernado aireando estos dos principios de salud mental. Los gobernantes derechistas desde 1939  lo han puesto de manifiesto. Franco impuso su sentido común a sangre, fuego y represión dejándonos una herencia de miserable retraso histórico en todos los frentes, aunque muy sensata, oiga. Tras el insensato Suárez (que no parecía de derechas) los insensatos izquierdistas tomaron el poder durante un largo periodo hasta que llegó la sensatez de Aznar, la del Prestige, la del Yakovlev 42, la de Perejil, por no hablar de una guerra en Irak que nos situó al lado del Imperio (había razones muy cabales para declararla, ante la inexorable amenaza de las armas de destrucción masiva…). Aquel gobierno vicepresidido por Rajoy se despidió con un descomunal ejercicio de sentido común en la gestión del atentado del 15-M. Ahora, tras el insensato Zapatero, padre de todos los desastres, ha llegado de nuevo el “sentido común”, ese que también advocaba Paco Martínez Soria para defender que los principios de siempre son los más cabales. Gracias a Dios que, tras años de tanta deriva de “modernismo”, ha venido a salvarnos el Gobierno Rajoy, poniendo las cosas en su sitio en la justicia, el aborto, la educación, la cultura y las relaciones laborales…

El buen juicio era necesario sobre todo en economía, que es la clave de nuestra redención como país en tan acuciantes circunstancias. Rajoy ha venido a salvarnos del acoso de los mercados, puesto que, como buen liberal, habla su idioma. De paso nos está liberando de los perversos sindicatos, de la dictadura de los trabajadores (han vivido con derechos de burgueses estas últimas décadas), de la clase funcionarial (los está metiendo en cintura) y de todos los subvencionados… Don Mariano ha hecho bien los deberes, que por ello se distinguió desde niño (tan bien educado)… Está cumpliendo mayormente con Bruselas, digo con Angela Merkel, digo con las exigencias de los acreedores, esos bancos alemanes que marcan el paso de la oca financiera caiga quien caiga. Ya han arrumbado a Grecia, Irlanda y Portugal, pero nosotros somos distintos, fuimos imperio y ahora nos están gestionando los hombres cabales que hicieron grande España. Estamos regidos por un hombre que siempre da la cara, un valiente que nunca huye ante los problemas, rasgo de su carácter de líder que los españoles necesitamos más que nunca. Él, como Churchill, nos exige sacrificios pero, como el viejo zorro inglés, avizora la victoria. Que la reforma laboral nos convierte en esclavos, veámoslo como la condición necesaria para crecer; los tremendos recortes en casi todo, también en sanidad y educación, son condiciones fundamentales para salir airosos y ahorrar dinero. Si hasta los ricos están haciendo sus sacrificios y esfuerzos…, porque el tándem Montoro/De Guindos les está obligando a sacar sus dineros del colchón a cambio de una amnistía fiscal, perdón, del “gravamen a activos ocultos”, como dijo el ministro de Hacienda con su gracejo andaluz.

Y es que tras la perniciosa, mendaz “etapa ZP” han llegado Mariano y los suyos a llamar al “pan pan y al vino vino”. Que no hay recesión, sino  “crecimiento negativo” o “severa desaceleración”, tampoco recortes sino “eliminación de gastos improductivos” o “reordenación de recursos” (como definió la Ministra de Sanidad al llamado “copago/repago”)… Ah, y esa calumnia de que las clases trabajadoras y hasta los jubilados están pagando los platos rotos es implemente “impacto asimétrico de la crisis”. El Notario Mayor del Reino (Gallardón) también llama a las cosas por su nombre, puesto que los límites a la ley anterior del aborto son en realidad una “defensa de la maternidad” y las medidas para asentar definitivamente el conservador statu quo en la judicatura una “apuesta por la división de poderes” tan mermada por las marrullerías socialistas, mire usted. ¿Recortes en educación?, no hombre no, racionalización y excelencia. ¿Desmontaje de las industrias culturales?, simplemente hacer productivo ese sistema regido por la subvencionitis (exclusivo y elitista, porque ni la agricultura ni la pesca ni la minería ni buena parte de la industria están subsidiadas… Tampoco el fútbol, aunque lo paguen las televisiones públicas). También se habla de los hachazos a la investigación (seamos sensatos: “esas cosas” no son tan necesarias en tiempos de crisis…). ¿Fuga de cerebros?, búsqueda de oportunidades en el extranjero, que ya era hora de que aquí asumiéramos la movilidad en esta era globalizada.

Claridad y sensatez en el frente internacional, que el PP sí sabe defender con bemoles los intereses españoles, por ejemplo ante la pérfida Argentina y, aunque la UE y EEUU miren a otro lado, estamos recuperando peso específico. También en los asuntos de casa; porque si hay disturbios, movilizaciones o algaradas, el Ministro del Interior salvaguardará el sacrosanto orden público, que para eso está cocinando una ley que proteja a la autoridad y a los policías de las hordas del 15-M (todo el mundo pudo ver cómo este movimiento se distinguió por su incivismo y extrema violencia) y de los anti-sistema de siempre. Cautiva y desarmada la oposición roja, incoados todos los mecanismos hacia la estabilidad y el crecimiento, la economía española se encamina hacia una era de prosperidad. Europa nos entiende, los mercados premiarán nuestros sacrificios y, tal como ha profetizado nuestro visionario Ministro de Economía (esta vez sí acertará, no como en Lehman Brothers), volveremos a ver brillar el Sol. No nos cabe ninguna duda, estamos pilotados por el más preclaro sentido común, ¿o es sinsentido? En cualquier caso, siempre nos queda la monarquía como reserva de cordura.
   
                                                                   Jaime Miñana              @jaimeminana



jueves, 8 de marzo de 2012

¿QUÉ ES LA IZQUIERDA, DÓNDE ESTÁ?



                                         Javier Lambán, Secretario General del PSOE-Aragón

Artículo original (sin recortes)



Está claro qué es la derecha; un estado de conciencia sociopolítica que pretende refrendar el orden establecido: las cosas son así. Por eso apelan a la “Sensatez” (Rajoy y Cospedal mucho), al “sentido común” que consiste en no cambiar las cosas, porque el orden divino y humano las han dispuesto de esa guisa. La reflexión posmoderna ya ha dejado claro que nuestro hábitat cultural está conformado por constructos y relatos, pero los partidarios de la derecha entienden que el orden cósmico es neoliberal, conservador, desigual, definido por las sagradas leyes del Mercado…. Solo creen que hay que cambiar las cosas cuando aquellas se desvían de esa “recta vía”. Esa mudanza “terapéutica” la aplican ahora en España “a la gallega callando”, desmontando el Estado de Bienestar, evitando que se hurgue en la corrupción (los osados como Garzón o los inspectores de Hacienda son retirados), criminalizando a los sindicatos y a los manifestantes. Todo para mayor gloria de sus patriciados e intereses. Y no se les puede replicar: las cosas son así, eso es lo sensato, lo que dicta el “buen entender”.

Y la izquierda qué. ¿Qué significa la izquierda? Teóricamente debería encarnar ese impulso de cambio y de progreso que nace del convencimiento de que las cosas no son así, sino consecuencia del roce de intereses, la aplicación de modelos socioeconómicos y del juego de poderes. Desde una genuina perspectiva ideológica, la izquierda debería intervenir desde el poder otorgado por los ciudadanos para transformar la res publica en beneficio de todos, no de unos pocos, regulando los intereses de los poderosos en el sistema postcapitalista y garantizando los servicios públicos universales, así como la igualdad de derechos.  Ese impulso transformador ha sido secuestrado en buena medida por una serie de camarillas de poder en el seno del principal partido socialdemócrata, muy acostumbrado a pisar las alfombras del poder durante décadas. Fulminadas por el aparato las opciones que apuntaban al verdadero reformismo (Borrell), la era ZP fue un espejismo de cambio; ha legado algún gesto teatral, una loable ampliación de derechos ciudadanos y poco más. Tras una retórica de progresismo de diseño, los poderes fácticos (banqueros, Iglesia, grandes empresas) han campando a sus anchas en el zapaterismo mientras se alimentaban las camarillas de intereses y el reparto de cargo en el circuito cerrado orgánico de la rosa. En el último congreso de Sevilla la disyuntiva era entre un amago (¿otro espejismo?) de renovación o el refrendo del aparato. Ganó éste último para que las cosas se mantuvieran como siempre, aderezadas con el verbo agudo e instruido de Rubalcaba (algo se ha avanzado respecto a la sonriente ignorancia de Zapatero).

“Dime con quién andas y te diré quién eres…”. Bajo una supuesta máscara de progresismo reencontrado -ahora resulta que quieren poner en cintura a la Iglesia, a Bruselas, al poder financiero-, los socialistas mantienen los vicios de siempre de un partido concebido para “pillar cacho”. Si ponemos el foco en lo más local, las cosas se aprecian mejor. En Aragón, sin ir más lejos, se ha cambiado la facción oscense (apostó a yegua perdedora) por la zaragozana, integrada por una serie de políticos que tienen en su principal haber su incuestionable habilidad para generar redes clientelares, repartos de cargos e intrigas palatinas. El representante que se ha enviado a la Ejecutiva Federal de Madrid  no tiene titulación conocida (tampoco se echa de menos en una región que ha sido regida por un longevo presidente en similar estatus)  y sus principales habilidades son de fontanería (política, claro). No apreciamos discursos alternativos, ilusionantes propuestas transformadoras más allá de la retórica al uso. El congreso de finales de marzo, al tiempo, refrendará esta impresión de vacío ideológico. Lo importante es situarse adecuadamente para recibir las magras canonjías y sinecuras disponibles y esperar tiempos mejores para repartir el maná del Poder. En este juego el Alcalde de Zaragoza, sigue a su bola, él ha montado su propio microuniverso municipal pactando con los poderes de siempre (le secunda un chico de una de las familias que tradicionalmente han movido el cotarro en la ciudad). Esta es la socialdemocracia de la realpolitik, aquella que es percibida como un bluf por una ciudadanía progresista que le ha dado la espalda masivamente. Porque los electores de izquierdas piden algo más que cataplasmas confortadoras (“las cosas son así”), demandan soluciones para mantener el Estado de Bienestar, para hacer posible una sociedad dirigida por los poderes ciudadanos no por los financieros, para mantener los derechos, para avanzar en esa senda de la modernidad ilustrada que en este país parece atrancarse siempre.

La izquierda debiera tener un hálito transformador y alternativo, incluso cuando está en el poder (poder es también “poder hacer” cosas para todos). El problema es que cuando se eterniza en las poltronas el poder deviene establishment. Eso es lo que ha ocurrido en la universidad española en general y en la de Zaragoza en particular, donde una camarilla de “pseudoprogresismo establecido” ha llevado las riendas desde los tiempos de la Transición salvo algún breve interregno. El resultado es que, salvo excepciones promovidas por honrosos profesionales, el tejido universitario es el más endogámico, falto de cualificación y de transparencia de todas las administraciones públicas. Donde debiera primar la excelencia impera el amiguismo, el chanchullo y la incompetencia. ¿Cómo es posible que todos los miembros de un tribunal que tiene potestad para hacer a un candidato funcionario sean elegidos por el propio departamento? Los resultados están ahí, lo certifican los pobres niveles de nuestra universidad en los escalafones mundiales. Eso sí, tenemos gente maja y muy de aquí. Ese sistema de “vasallaje e investidura” localista es lo que ha permitido la candidatura en el poder que ahora se presenta a las elecciones de nuestra universidad, curiosamente con la vitola de “progresismo”. Otro ejemplo de genuina izquierda. Y luego que los dejamos en la estacada…
               


                                         Jaime Miñana, filósofo  @jaimeminana


                                                                 

domingo, 12 de febrero de 2012

CONTRARREFORMA Y APROPIACIÓN

       


El Gobierno del PP ha iniciado una ofensiva de involución en los derechos ciudadanos conquistados en la “ominosa cuasi-década” de ZP: la reforma de la ley de interrupción del embarazo (supuestos por plazos, consentimiento paterno obligatorio para las menores de 16 años), la volatilización de la píldora del día después, la supresión de la asignatura Educación para la ciudadanía, la probable reforma de la Ley de Costas, la prórroga de la vida de la nucleares, la Ley del Poder Judicial, una reforma laboral a la medida de la CEOE… ¡Aznar no se atrevió a tanto! Rajoy y sus ministros lo han abordado antes de las elecciones andaluzas,  tras las que llegará una segunda oleada de medidas sacrificiales para la clase media y trabajadora. El Gobierno ha amagado con la ofensiva con un PSOE depresivo y en lid congresual, aprovechando que la ciudanía progresista está todavía noqueada… Con artera habilidad han lanzado el globo sonda para ver cómo reacciona la gente al tiempo que dan ánimos a sus votantes, un tanto desconcertados por la felonía antiliberal de la subida de impuestos. Estas maniobras, empero, al menos nos han permitido desenmascarar la naturaleza de este gobierno “centrista” claramente encarnado en la proteica figura de Alberto Ruiz Gallardón, quien ha defendido sus medidas como “progresistas” (¡!).

Gallardón es el mascarón posmoderno de la derecha española: cultiva una imagen civilizada y “progresista” para defender los intereses de los poderosos de siempre. Con esmerado refinamiento hace el trabajo sucio para aquéllos, siempre aderezado con un perfume que acredite su condición “avanzada” (que encabrita a ese poblado sector reaccionario del PP , dicharachero pero que cuenta poco en “la pomada” ). Por eso, tras el anuncio de medidas claramente involucionista, Don Alberto salió en defensa del matrimonio homosexual ganándose algún capón esperado de la caverna mediática. Este maestro de la isostasia política, del juego del enmascaramiento ha defendido su próxima reforma de la Ley del Poder Judicial como un canto a la separación de Poderes; sin embargo, lejos de honrar al divino Montesquieu, lo que consiguió es refrendar el dominio endogámico de las castas judiciales, que son mayoritariamente conservadoras.

El flamante Ministro de Justicia ha manifestado su escrupuloso respeto a la sentencia que inculpa al Juez Baltasar Garzón por prevaricación, como respetará toda la cadena de decisiones de un sistema judicial copado por las fuerzas afines a la derecha. Y además nos dará lecciones de ecuanimidad, sentido democrático, respeto al ordenamiento jurídico y “progresismo”. Este asunto de la Justicia dominada por determinados sectores nos lleva al meollo de este artículo: la apropiación paulatina, sistemática y pertinaz de los resortes de la Democracia española por parte de las fuerzas fácticas de siempre. Esas fuerzas no son entelequias, tienen entidad y hasta nombres y apellidos: poderes financieros, grandes empresas, la Iglesia Católica, el patriciado judicial… En su posibilismo socialdemócrata los gobiernos del PSOE solo lograron domeñar al Ejército, y no sería extraño que el PP lo intentara reencauzar por la “recta senda patriótica”. Quizá ésa sea la única fuerza fáctica del Franquismo que ha quedado afortunadamente transformada, quizá porque fuera la más visible y amenazante. Las otras se han travestido convenientemente y operan con esa libertad de maniobra que les permitió la Dictadura... Con una diferencia, ahora hasta se presentan, como el propio PP, como defensoras a ultranza de la democracia y la Constitución de 1978. Por eso se indignan cuando se cuestiona la taimadamente interesada sentencia sobre Garzón. Pero toda esta retórica de conversos democráticos se desmonta cuándo se hace una pregunta muy querida precisamente por los juristas: Qui prodest? Y la respuesta apunta a que esas fuerzas fácticas son casi siempre las beneficiadas: con las reformas laborales, con la subida de impuestos, con la fiscalidad (mayoritariamente sustentada en las rentas del trabajo), con las medidas económicas y las judiciales. Más allá de debates de técnica jurídica, los resultados son contundentes: Camps y Roca absueltos, Garzón inhabilitado por intentar luchar contra los corruptos (había que hacerlo ahora, condenar al Super-juez por defender las víctimas del franquismo hubiera sido un escándalo internacional). Parece evidente la paradoja, pero el contundente aparato mediático al servicio de esos grandes intereses se encarga de elaborar y difundir discursos ad hoc, definiendo quiénes son los buenos y los malos de este teatrillo. El ruido es ensordecedor.

ZP inició una loable ampliación de derechos ciudadanos, pero no se atrevió con los poderes fácticos, a los que dio incluso alas y más beneficios. Hasta la Iglesia Católica salió ganando con sus nuevas medidas fiscales mientras le llenaban las plazas en su contra. Ahora Rubalcaba se descuelga con la denuncia del Concordato de 1979: ¿será un amago de posibilismo socialdemócrata más -para contrarrestar las contrarreformas conservadoras- o el principio del reposicionamiento del PSOE para poner coto a esta apropiación sistemática de los poderes del Estado por parte de la derecha fáctica? El tiempo lo dirá. De momento los días corren a favor del PP, que va poco a poco apropiándose de los pocos cados que quedaban en la Democracia española fuera del control de “los suyos”.


                                                 Jaime Miñana, filósofo    @jaimeminana






sábado, 28 de enero de 2012

EL PAÍS DE NUNCA IMAGINARÁS



Nunca los políticos fueron muy coherentes, pero lo de ahora está sobrepasando los límites. O más bien el espejo de Alicia, porque cada vez más la política se ubica en un nonsense continuo, en un País de Nunca Imaginarás. Se genera un universo mediático absurdo e incoherente, pero al lanzarse por los terminales parece que es racional, sensato, normal (el Heimlich freudiano). Por eso no debe extrañarnos que el 16 de enero se rindieran honores al “gran demócrata” Manuel Fraga Iribarne al tiempo que se juzgaba al juez que más ha hecho por buscarle las cosquillas a la dictadura a la que aquel gallego sirvió con convicción. ¿Se imaginan a un ministro del III Reich presidente de un länder hoy día? O es que Franco, aunque a menor escala que Hitler, no fue también un genocida…. Bien, pues de ese orquestador del Holocausto español (Preston y otros historiadores han demostrado su dimensión planificada y consciente desde el lado sublevado), el ilustre político gallego dijo recientemente con admiración que era el político español más importante del siglo XX. Pues aquí venga a laudar al gallego (q.e.p.d.), si hasta el flamante Presidente del Gobierno se ha desbarbado en todas las rotativas para hablar de este gran muñidor de la democracia tras su paso por el “periodo oscuro”. Pues nada, que ahora la nueva administración conservadora va a reescribir la Historia, y la dictadura franquista será un túnel mal iluminado, el Valle de los Caídos una obra modélica donde se remuneraba bien a los operarios (impagable el especial que emitieron el otro día sobre Cuelgamuros en Intereconomía TV… ); enfin, un ejercicio de revisionismo más que oculta aquella parte siniestra (el unheimlich de Freud) que no conviene mostrar para la TDT Party castiza, ahora atribulada porque se les ha esfumado el Satán ZP. Este tipo de maniobras miserables en Alemania hacen saltar todas las alarmas, pero aquí pasan como si tal cosa… Claro, como nuestro dictador no fue removido por las potencias del bien (más bien fue un mal menor en la era gélida de “que viene el coco comunista”). Afortunadamente en Europa nos tienen calados y una eurodiputada británica levantó el grito en el cielo cuando se pretendía equiparar (por mediación de los populares españoles) en un homenaje conjunto las figuras de Václav Havel y Manuel Fraga. Casi nada. Enfin, que la gente más allá de los Pirineos no se cree que el ministro de Información y Turismo es la mismísima Afrodita saliendo de las prístinas aguas de Palomares tras caer un par de bombitas atómicas.

El caso es que el Gobierno de España nos pretende hacer creer que todas sus incoherencias y sinsentidos son normales, forman parte del paisaje cotidiano del Jardín de las Hespérides. Que Rajoy dijo que iba a subir los impuestos… Mentira cochina, eso es un déja vu….; que los conservadores estaban en contra de la Ley Sinde, malhadadas habladurías…. ¿Por qué si no (ocultan, claro, que el embajador americano les puso la pistola sobre la sien, como al gordo de Megaupload), la aprobaron a toda prisa en el primer consejo de ministros? Si ahora resulta que este gobierno es un poco socialdemócrata, pues quieren imponer (Sarcozy lo ha mandado porque está en campaña, claro) la Tasa Tobin para poner en cintura a los poderes financieros…. También es un gobierno totalmente comprometido contra la corrupción y el despilfarro, por eso el superministro Montoro va a meter en la cárcel a todos los manirrotos y hasta alguno en su partido postula que debería tener efecto retroactivo. No se dejen llevar por las apariencias el ministro Gallardón no dejó apenas deudas y la comunidad de Valencia no ha sido una de las más desbocadas en el gasto, eso son milongas de la propaganda. Camps y Matas, son agua pasada… Aquí el único que roba es Urdangarín, que es sociliasta, como el Rey. Siempre secundado por una amplia y fiel infantería mediática (perpleja ante las traiciones al sacrosanto credo liberal pero siempre al pie del cañón, por la causa), el Gobierno de Rajoy avanza parsimonioso en la conquista de un territorio azul de gaviotas, donde el desmontaje del Estado de Bienestar se presenta como una serie de medidas reactivadoras, donde los recortes sin límite que dejan nuestra economía en cuadro son medidas necesarias para luego crecer (¿cuándo?), donde los gravámenes impositivos de hogaño se nos devolverán con creces cuando volvamos a ser ricos, etc. Aunque vean que la economía cae, el paro sigue creciendo, los jóvenes talentos emigran, la investigación decae, se desmontan citas culturales que funcionaban (Festival de Gijón), se preparan leyes de costas para iniciar la rapiña litoral de siempre, se sigue pensando en el ladrillo (la milonga de la economía sostenible no sirva para nada, dice Javier Arenas)… Eso es un Matrix, un delirio, España va por el buen camino en este Año Mariano.


                                               Jaime Miñana, filósofo     @jaimeminana






domingo, 15 de enero de 2012

EL GENUINO LIBERAL: ODA(LISCA) A BERLUSCONI




No lo echó il popolo ni sus satanes particulares (la prensa tendenciosa, los jueces, los intelectuales de izquierda) sino el Gran Mefistófeles a quien había dedicado todas sus ofrendas, sus energías y su vida: El Todopoderoso Mercado. Silvio Berlusconi había sido el máximo representante de super-empresario de éxito metido a político, por ambición, por salvar el curso de los jueces sabuesos, por probar otra cosa, por vanidad, por…. Vamos, que il cavaliere no era un arribista muerto de hambre, de esos que tanto abundan en la res publica… Una buena parte de la población, a juzgar por los votos, se identificó con su aureola de éxito continuado, pensando que regiría la Republica con la habilidad que había demostrado en sus numerosas empresas… Además Silvio era hedonista, un maschio latino en toda regla, amante de los placeres de la vida, de todos, hasta de los prohibidos… La gente de orden, muy católicos ellos en su mayoría, estaba no obstante un poco harta de ese otro orden políticamente correcto proveniente del Imperio Anglosajón. Había que meter en cintura a las feministas, a los maricas, a los emigrantes y a los revolucionarios de salón. Y Berlusconi venía a eso. Se creyó el papel y rebasó todos los límites, incluso el de la prostitución y la pederastia, temas muy sensibles para un Vaticano dispuesto a hacer la vista gorda hasta cierto punto. Eso marcó el principio de su declive, pero no fue la causa. Su asesino fue su amante incondicional, el Gran Mercado.

Berlusconi ha tenido el mérito de mostrar la verdadera cara de eso que llaman liberalismo en su versión genuina, sin aditivos ni añagazas edulcorantes. Si dejamos que en la sociedad campen a sus anchas los instintos, como defendían Sade y los mecanicistas del XVIII, el resultado es il cavaliere. El liberalismo anglosajón es otra cosa; acota esa liberación pulsional al deseo de enriquecimiento; Adam Smith había proclamado que “la ambición personal contribuye al bien común”, pero Don Silvio prefería a Spengler, que, como él, era más sincero al comparar la sociedad del libre comercio con la darwiniana selección de las especies: solo los mejores triunfan; a los demás, ¡que los parta un rayo! El expresidente italiano estaba entre esos elegidos, pero él creía con Sade que la liberación tenía que ser total, afectando también al sexo y a los prejuicios de la pantomima políticamente correcta; de ahí su cruzada contra toda la gentuza moralista que se le oponía y que antes he citado. En Italia había que dejar rienda suelta al talento empresarial, eso que les hizo grandes desde el Renacimiento, cuando los territorios transalpinos pujaban por ver quién era el más rico y poderoso. Si hasta el Papado alcanzó su culmen de riqueza y esplendor en medio de esa vorágine, como bien demuestra Alejandro VI Borgia y toda la cadena de sumos pontífices renacentistas más próximos al credo de Maquiavelo que al de Jesús de Nazaret… Gracias a ello Roma volvió a ser el centro del mundo, el ombligo del poder, la ciudad con más prostitutas por metro cuadrado, la meca del comercio y de las artes….

También la Iglesia Católica, tan influyente en Italia, había aceptado a este presidente lombardo con pecaminosas tendencias. Todo con tal de que no volviera una izquierda que defiende el laicismo y no colabora en la cristianización de Europa que tanto empeña a Benedicto XVI. Si había que tragarse el sapo de las salidas extemporáneas del cavaliere, de su furor libidinoso y de su escaso afecto por las virtudes teologales, era una prueba más del Señor. ¿No se había tragado batracios mucho más indigestos la Santa Madre Apostólica y Romana, como el nazismo, el fascismo, el franquismo o los milicos sudamericanos? El Vaticano fue tolerante hasta que el primer ministro milanés cruzó el Rubicón de lo moralmente tolerable. Esa Iglesia que había sido acorralada por los casos de pederastia se encontraba ahora “con otro que tal” en el asunto de las velinas. Había que rasgarse las vestiduras, tenían que romper con ese pecador… Así Don Silvio, católico confeso, probó el amargo distanciamiento de  su Madre y Maestra. Y es que desde la Cátedra de San Pedro habían descubierto que Berlusconi era la vívida reencarnación de Don Juan, ese libertino cuasi-satánico que había engendrado el fraile Tirso de Molina para exorcizar las aberraciones de una moral guiada por el placer. Berlusconi era un Don Juan liberal, como no puede ser de otra manera, pues esa doctrina también postula, si se asume en su radical planteamiento, la libre circulación de todos los órdenes de la vida humana. El problema es que el capitalismo puritano y la Iglesia, sólo toman del liberalismo lo que les interesa: libertad en lo económico y férreas cadenas en el orden moral. Il cavaliere tuvo el mérito de poner en evidencia con su comportamiento (obras son amores…) esa persistente impostura; ha sido el liberal por excelencia en el panorama político europeo. Es verdad que no tuvo ningún empacho en aliarse con los autoritarios fascistas o con los racistas de la Liga Norte (ah, el poder ante todo…), no es menos cierto que hubiera implantado un estado de excepción en la “judicatura rebelde”, pero esas contradicciones forman parte del liberalismo que se autoproclama con mayor pedigrí. Así se puede comprobar en España en personalidades tan proteicas como Esperanza Aguirre, Federico Jiménez Losantos, Pedro José Ramírez….

Quizá por esa condición de auténtico liberal, una parte considerable del pueblo italiano ha aclamado a Berlusconi como un héroe operístico, próximo al Don Giovanni de Mozart, tan excesivo, tan libidinoso, tan desprejuiciado, tan ocurrente...; un “padre nutricio” que deseaba el bienestar, la lluvia de euros para todos los italianos -exclúyanse emigrantes, refugiados, parásitos…- que se esfuerzan y trabajan. No nos engañemos, ha sido el líder de la derecha más querido por los que creen en esas doctrinas (como en España aprecian más a Esperanza Aguirre, lo pudimos comprobar con la muchedumbre aclamadora ante la sede del PP el 20-N). La mayoría de sus colegas europeos son burócratas asépticos, como Angela Merkel o Mariano Rajoy, políticos anodinos colocados por Mefistófeles Mercado, refrendados por unos ciudadanos muertos de miedo para hacer los deberes, cariátides sin alma del FMI/BCE. Berlusconi representaba el alma del prístino liberalismo, por eso no lo han aguantado ni sus comilitones del Viejo Continente ni los propios mercados. Los mecanismos financieros que gobiernan Europa, más allá de los mascarones de proa democráticamente elegidos, no se fiaban del expremier italiano; su credo genuinamente liberal, sus tendencias anarcoides, su bragueta hambrienta no eran aptas para asumir una filosofía del recorte y la represión. El Don Giovanni septuagenario amaba la libertad, la prosperidad… Su actuación política no podía ir en contra de esos principios, por eso lo quitaron de en medio, por eso se fue a casa aliviado, por eso buscaron un marmóreo autómata del BCE para desmontar el Estado de Bienestar y cumplir con el Gran Hermano Financiero Globalizado (GHFG).

El payaso impresentable que protagoniza este escrito ¿es más patético que toda la caterva de políticos títeres al servicio del GHFG, de los euro-burócratas de perfil bajo apoltronados en Bruselas para no eclipsar la mediocridad de los líderes nacionales? Al menos Berlusconi tiene carisma operístico, posiblemente en una versión bufa de Don Giovanni… Y Merkozy y compañía ¿no son más bien actantes en una función de marionetas…? Y qué decir de ZP, el gran defensor de lo políticamente correcto, de las alianzas de civilizaciones, de los desfavorecidos, de las libertades ciudadanas…, convertido en la primera marioneta española -le sustituye otra que tampoco tiene discurso, aunque sí la disciplina y sentido de obediencia de los opositores- de una función que acaba de comenzar y que parece adscribirse al género de terror.

                  Jaime Miñana.  Filósofo  (@jaimeminana)


http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/el-genuino-liberal-oda-lisca-a-berlusconi_722495.html
               El Periódico de Aragón, 17.12.201


sábado, 15 de octubre de 2011

HACIA UNA DEMOCRACIA QUE SEPARE EL PODER POLÍTICO DEL FINANCIERO





La Modernidad dio comienzo en Occidente cimentada en tres pilares: la declaración de los derechos del hombre, la apuesta por la razón y la ciencia y la separación entre Iglesia y Estado. La Posmodernidad vino a revelarnos que todos los “grandes relatos” eran eso, relatos, también el de la propia Modernidad. Cuando parecía que todos los mitos habían sucumbido nos dimos cuenta que no era cierto (Lyotard, profeta de la posmodernidad, lo advirtió al final de su vida). Quedaba uno sin derribar... El tándem Reagan/Tatcher, refrendado  por los profetas del “final de la Historia” y los gurús del neoliberalismo, lo dejó claro: vencido el comunismo, solo nos quedaba el Mercado, con mayúsculas. Todos, incluidas las corrientes políticas dominantes, conservadoras o socialdemócratas, parecieron asumir ese dogma; unos para sacralizar las inercias de la libre iniciativa (Adam Smith estableció que contribuía al bien común), otros para paliar sus desajustes en un Estado de Bienestar cada vez más acosado. Todo se gestaba desde la única Superpotencia. En el orden político Estados Unidos ejercía con singular arbitrariedad su papel de solitario supergendarme global, mientras el orden económico quedaba a expensas de los caprichos del Mercado. Ambas tendencias llegaron al paroxismo durante la égida de George Bush Jr. Mientras ejercía un control paranoico en su combate sin cuartel contra el terrorismo y otros enemigos imaginarios (las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein), dejaba operar sin cortapisas a los tiburones de Wall Street. Desmantelada la industria (China era ahora la fábrica del mundo) el poder mundial se ejercía desde un sector financiero hipertrofiado. Wall Street estaba sustituyendo como poder fáctico al célebre “complejo industrial-militar” sobre el que alertó el presidente Eisenhower  en una última alocución televisada que resultó profética.
Las consecuencias de este cambio de supremacías son bien conocidas y las estamos padeciendo desde el verano de 2008. Y no es una situación exclusiva de Estados Unidos, sino que afecta a todo Occidente. Eso explica que nuestros gobiernos, más allá de las primeras proclamas de control financiero, hayan acudido prestos a socorrer a los bancos con dinero público.  Eso explica que la Unión Europea esté pilotada por los intereses de los bancos franco-alemanes, los auténticos acreedores de todos los “cerdos” (PIGS) que están sacrificando sin piedad en un San Martín encadenado, de Atenas a Dublín pasando por Lisboa. Ante esta tiranía financiera nada tienen que hacer las políticas socialdemócratas, cuyos mentores han sido igualmente forzados a desmontar el Welfare State. Papandreu y Rodríguez Zapatero son dos ejemplos de ese obsceno trágala que está descalificando la izquierda posibilista europea. ZP ha sido un presidente tolerante con esa prepotencia financiera -nunca cuestionó la primacía del entramado bancario español y la burbuja inmobiliaria que sostenían- por muchos gestos progresistas que hiciera en materia de derechos sociales (eso es folklore para Botín y Cia) y cortes de mangas al Imperio (al final la cesión de Rota le ha convertido en el más fiel de sus monaguillos). Es el sino de las actuales “democracias avanzadas”: elegir a dirigentes que son tolerados por el omnipoder financiero siempre y cuando no cuestionen su supremacía. Obama es un caso paradigmático. Tras el fiasco de su zafio y estulto predecesor, se requería un rostro más presentable y políticamente correcto para mantener el tinglado: que todo parezca que cambie para que todo siga igual. El primer presidente afro-americano ensayó algunos cambios aguados o frenados por los republicanos (los agresivos guardianes del sistema y de las esencias), pero no cambió nada sustancial en la cuestión clave; el poder financiero seguía incólume.
Y así siguen las cosas como les interesan a los que realmente mandan. Éstos también controlan los thinks tanks y los oráculos académicos. El incisivo y riguroso documental Inside job descubre los chalaneos entre las facultades de economía que dominan el pensamiento en el sector y los intereses de los poderes financieros. Quizá eso explique que los economistas no dan una en las predicciones –los críticos que acertaron no tenían altavoces mediáticos- y se hayan convertido en especialistas en explicar todo solo a toro pasado. Entre tanto, los ciudadanos del primer mundo están desconcertados, dedicándose a castigar a los gobiernos para exorcizar el fantasma de la crisis. Eso es lo que va a ocurrir previsiblemente en España el próximo 20-N. La gente votará al PP tras los desaguisados socialistas, sin reparar que ese partido todavía no ha mostrado apenas medidas de gobierno y donde gobierna aplica con pulso firme el desmontaje del Estado de Bienestar, empezando por la educación y la sanidad. Amparados en la creencia de que nada puede ser peor que lo anterior, de que “la derecha gestiona mejor la economía”, el electorado español puede optar por un gobierno conservador que defiende el modelo neoliberal que ha ocasionado el apocalipsis actual. ¿Cómo se puede apagar el fuego llamando a los incendiarios? Pero la coherencia no parece ser el valor más reclamado por una ciudadanía sangrada por el paro y con deseos de que se dinamice la economía al precio que sea…
Sin duda, la clave no está en mudar de siglas políticas, sino en cambiar de sistema. Necesitamos una refundación del capitalismo y de la democracia representativa, secuestrada ésta por la partitocracia y ambos por los centros financieros. Como ocurriera en la génesis del sistema en el siglo XVIII, cuando se liberó la cosa pública de la tutela religiosa, ahora necesitamos que el poder político se independice del poder financiero. Ese cambió de sistema es lo que reclaman muchos ciudadanos en todo el mundo, a través de movimientos como el 15-M o el más reciente de Occupy Wall Street; también es lo que demandan muchos intelectuales libres (no paniaguados de Wall Street y demás turiferarios). Solo con esta presión ciudadana sobre unos políticos que han hecho dejación de su supremacía moral y política sobre las instancias financieras se pueden encaminar las cosas hacia una solución duradera. Y para ello hay que preservar un estado de bienestar viable, un tejido económico dinámico, competitivo, respetuoso con la excelencia y un equitativo sistema fiscal.  Lo demás, es decir, el juego de la elección de esos logos que han secuestrado la democracia real, es pan para hoy y hambre para mañana.

                                           Jaime Miñana    @jaimeminana



lunes, 26 de septiembre de 2011

GEN DE LA DESIDIA MADE IN SPAIN





Lo intuía y lo confirmé. Nueva York es la capital del mundo, la Nueva Roma contemporánea. Todavía sigue siendo la cabeza del imperio dominante. Recientemente he visitado las megalópolis chinas y se palpa en el ambiente: todavía les queda mucho para alcanzar el pulso de la Gran Manzana. NY se construyó con un gen de supervivencia que se desarrolla en un ecosistema humano de máxima competencia. Aquí todo el mundo parece impulsado por esa máxima de la Constitución americana: “Porsuit of happiness” (“Buscar la felicidad”). He conocido a un puñado de emigrantes hispanos activados por este “gen gringo” que los convierte en triunfadores… Uno piensa que esto es lo que ha activado también a las civilizaciones occidentales: la Grecia Antigua, Roma, la Italia Renacentista, la Inglaterra industrial… Como Atenas, Roma, Florencia o Londres, NY presenta esa doble cara de grandeza y miseria; se fomenta la creatividad individual al tiempo que crecen la explotación y la injusticia… Aquí, como entonces, también hay esclavos que sirven a los ciudadanos acomodados y a los turistas. Los cocineros, camareros, dependientes y taxistas son nuevos emigrantes que trabajan como esclavos, aunque ahora ven un túnel de salida por el que se colarán sus hijos probablemente. Como ocurriera con las minas de plata que sostenían el esplendor de Atenas o las barriadas proletarias de Manchester, hoy día ese vientre neoyorquino explotado sustenta la grandeza emergida del incomparable skyline. El american way of life es, por tanto, el último episodio de ese ambivalente impulso occidental que nos ha encaminado a dominar el mundo, aunque, como señala el siempre perspicaz Harold Bloom, ya hay síntomas de la caída del imperio de las barras y estrellas: el derrumbe financiero, la emergencia de la ultraderecha, la gran falla entre ricos y pobres, etc.

Soy crítico con las miserias del “sueño americano”, me solidarizo moralmente con los loosers (perdedores), compruebo las deficiencias de su magro Estado de bienestar (Michael Moore retrata incisivamente en Sicko las miserias de una Sanidad hipotecada por las compañías de seguros), detesto a un los republicanos que cada vez se aproximan más al fascismo...  Sin embargo, al regresar a España, camino de mi retiro definitivo en “la isla”, experimento un extraño shock. Comparados con los neoyorquinos, los madrileños, los zaragozanos me parecen un poco zombis. Aquí la gente no está en absoluto activada; y no es solamente consecuencia de la transitoria galvana agosteña. Hasta nuestros emigrantes están tan contagiados por ese sopor que no hablan de negocios, iniciativas para prosperar, sino de apuntarse al paro o traer a su familia para que disfruten de la Seguridad Social. Muchos de esos migrados proceden de lugares similares a los que encontré en NY, por lo que algo está determinando tan diferentes comportamientos a un lado y otro del Atlántico. ¿Será el gen español que les ha infectado? Hablo con mis amigos del tema y muchos comparten mi impresión. Los más puteados son los pequeños empresarios, aquellos que dependen para sobrevivir de su esfuerzo y talento. Además de soportar presiones fiscales (aquí solo paga la amplia clase media) y encorsetamientos laborales, tienen problemas con sus empleados, que acuden a sus trabajos con un espíritu funcionarial, nada estimulante, nada creativo. Aquí las empresas (la mayoría son PYMES, no lo olvidemos) son el gran enemigo al que exprimir más derechos, más vacaciones, más…, pero nadie se implica en un proyecto común para que todos se beneficien. Por descontado que hay casos de abusos de la patronal y que hay que permanecer vigilantes con las grandes firmas. Pero no es menos cierto que nos comportamos en general como los nuevos ricos del Welfare State  que reclaman mucho y se exigen poco; todo nos tiene que caer del cielo, de la empresa, de Mamá gobierno autónomo, Papá Estado o de los hermanos ricos de Europa. Así no me extraña que tengamos la productividad más baja del mundo desarrollado.

Pintan bastísimos y estamos metidos en urgentes medidas económicas, hasta cambios constitucionales, que no soy capaz de juzgar hasta qué punto son acertados. De lo que no me cabe duda es que necesitamos un cambio de chip, una nueva mentalidad que nos active, para que prime la competencia, la excelencia, la cultura del esfuerzo, la creatividad… frente a la indolencia, la endogamia, el “ya estoy colocado”, el enchufismo y el rentismo. Si no nos activamos en este sentido, los países emergentes se nos comerán por los pies (ya lo están haciendo) y nos convertiremos en la reserva espiritual de Europa (el gran sueño de Franco, vigía de Occidente); es decir un paraíso de vida mediterránea con diez millones de parados y una población activa restringida al sector servicios (los camareros de Europa y olé). Si eso se produce, el Estado de Bienestar será inviable y nuestro nivel de vida se irá reduciendo inexorablemente.
No suene esto a mantra neoliberal (vade retro Satanás), a deriva ideológica para hacer el caldo gordo a las multinacionales y superbancos (los auténticos culpables del desastre), que es precisamente lo que va a hacer el PP (ZP Bautista les preparó el camino) por mucha retórica de emprendedores y clases medias que ahora exhiba Génova para hacerse con la Moncloa. La verdadera reforma necesaria en España llegará, por tanto, cuando se aborden estos desastrosos hábitos culturales interiorizados, tras heredadas de esa España del hidalgo holgazán que presume tanto de su honor como de no trabajar… ¿Cuántos caraduras conocéis que se jactan de haber logrado un puesto en el que no dan palo al agua, cuál es la meta de todo español de pro sino colocarse de funcionario al lado de casa? Y no voy a descender a gremios, pues la culpa está bastante repartida. Ciertamente, no debemos perder nuestra peculiar cultura mediterránea del saber vivir (en eso tenemos que enseñar mucho a los newyorkers y a los europeos del norte), pero hay que empezar a mutar este gen español de la desidia para que se transforme en un agente transformador, capaz de desarrollar el enorme potencial creativo de este pueblo, hoy aletargado por el espejismo del “interminable bienestar europeo”. Afortunadamente no es un elemento genético, sino un dispositivo cultural con hondas, perversas raíces que hay que empezar a arrancar de cuajo.

                                               JAIME MIÑANA. Filósofo      @jaimeminana