BITÁCORA DE UN NÁUFRAGO INDIGNADO



Desde una isla casi desierta, un Robinson en el océano de la globalización. Atento/conectado/indignado veo pasar el mundo nada indiferente. Una verbena, un gran guiñol, un despropósito… Mas no puedo huir del sinsentido; estoy enganchado al destino de los demasiado humanos. Estoy condenado a pensar el mundo y verterlo en palabras y lanzarlo al mar en botellas de ceros y unos.



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martes, 24 de diciembre de 2013

DOS VUELOS QUE CAMBIARON ESPAÑA



                           LA SEGUNDA BARRERA


Vi aquella película que mi padre me había recomendado con especial interés. Había cumplido quince años ese mismo día y fue como un rito de iniciación. Tras verla me hice mayor, quizá porque tomé conciencia del país donde vivía... Precisamente ese 20 de diciembre del 2028, un año después de que me viniera la regla a la par que el invierno. Porque yo nací ese mismo día del 2013, cuando cambió la Historia de España. Dicen que fue un traumático viraje que, sin embargo, mis padres celebraban cada año, como un complemento de mi cumpleaños. Yo no comprendía nada, porque en el cole y en los libros aquella fecha se recordaba como fatídica, el "día de furia que ensangrentó la democracia española"; pero mamá me había empezado a comentar que no hiciera caso, que aquella fue una jornada grande y liberadora. 

El polémico largometraje de Jorge Monteagudo, La segunda barrera (2023), mostraba con tono documental el contexto de crisis extrema que vivía el país en 2013: el desmontaje del Estado de Bienestar, los continuados abusos de la clase dirigente, la fraudulenta colonización de las instituciones, la corrupción sistémica... y el hartazgo creciente de la gente. Después el protagonismo pasaba al Grupo de Liberación Ciudadana, integrado por concienciados jóvenes que habían perdido el miedo. Eran gente intelectualmente solvente (de "la generación más preparada de nuestra Historia"), nada de activistas desesperados, aunque estaban más que hartos de la situación sociopolítica. Pasaron a la acción y lo hicieron planificando con escrupuloso rigor una cadena de atentados que superó la hazaña de Carrero Blanco, glosada por otra película titulada Operación ogro. Las acciones se concentraron precisamente el 20 de diciembre de 2013, justo cuarenta años después del célebre vuelo del Almirante destinado a perpetuar la dictadura de Franco. En el comunicado que sucedió a los atentados se aludía precisamente a este paralelismo ("la primera barrera"), refiriéndose a la actual democracia como franquismo camuflado que estaba aterrorizando igualmente a los ciudadanos: <<Rechazamos en principio la violencia, pero es el Gobierno, en connivencia con la Troika, quien ha empezado esta guerra contra los ciudadanos y ahora solo nos queda defendernos ante la irreversible perversión de los mecanismos democráticos>>. Acostumbrada a los efectos 3D de las pelis americanas, a esta le faltaba espectacularidad, estaba hecha con ese toque artesanal español que aquí tenía cierto encanto, pues los acontecimientos eran presentados con garra y los personajes resultaban muy auténticos. No tardabas en conectar, de hecho, con aquellos protagonistas que luego fueron calificados de sanguinarios terroristas a la vez que despreciabas a la fauna política que combatían... Daba la impresión de que el argumento lo habían escrito previamente los del GLC, porque sus acciones fueron diseñadas como si de un elaborado guion se tratase. Los asesinatos selectivos de dos presidentes de entidades bancarias imputados pero nunca condenados y del Presidente del Consejo del Poder Judicial culminarían, ese mismo mediodía, con la espectacular explosión en pleno Consejo de Ministros. Murieron todos los miembros del gabinete excepto el Ministro de Justicia, quien, sobre la misma mesa ovalada que albergó la camuflada bomba, había depositado para su aprobación una contrarreforma de la Ley del Aborto que estaba encoraginando a todos sectores progresistas. Con esa deflagración del que fuera llamado "viernes sangriento" acababa el filme, los créditos cayendo sobre esa nube de de la Moncloa que auguraba un futuro incierto. 

Aquellas imágenes me habían activado. Busqué información en Internet. Los programas oficiales hablaban de indignación, rabia y condenas al terrorismo, aunque apenas hubo manifestaciones populares de condena (incluso se había corrido el rumor de que las acciones habían sido sufragadas por un oculto crowdfunding ciudadano...). Esto me sorprendió, porque yo soy pacifista y creo, como Gandhi y Mandela, que la violencia solo engendra violencia; pero más me sorprendió que a partir de aquel 20 de diciembre el país empezara a cambiar. Las elecciones convocadas seguidamente otorgaron el poder a una coalición de izquierda alternativa y se inició un proceso de regeneración democrática con el forzado relevo de Juan Carlos I. Fue entonces cuando el GLC se disolvió (<<Hemos cumplido de momento nuestra misión, pero estaremos alerta>>) y sus integrantes jamás fueron localizados (insinuaban ciertos medios que habían sido amnistiados...). Mis padres dijeron que todo había cambiado porque, por vez primera en mucho tiempo, el miedo había cambiado de bando y afectaba a los que habían estado aterrorizando de siempre a la ciudadanía. Mejoraron las condiciones de trabajo, el comportamiento de los bancos y también los políticos, que dejaron de ser una casta privilegiada gracias a leyes muy restrictivas. Mis viejos comentaban que aquella acción del GLC -ellos preferían llamarla "el vuelo de la gaviota"- había sido celebrada en silencio por muchos, como en los tiempos de Carrero. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

UN PAÍS EXCEPCIONAL



Vivimos en un país excepcional; en el peor sentido de la palabra. España es una excepción entre los grandes países desarrollados europeos. Desde comienzos del siglo XIX hasta el último cuarto del XX, mientras los demás progresaban nosotros encadenábamos guerras civiles, asonadas militares, dictaduras, democracias oligárquicas y violencia sistémica. Fuimos, junto con Portugal y Grecia, los grandes sacrificados en el nuevo orden de la Guerra Fría, permitiendo aquí los vencedores la pervivencia de un régimen fascista por miedo al comunismo. Y esa pesadilla franquista duró cuarenta años. La idealizada Transición trajo la democracia, pero a través de un Rey designado por el genocida Franco (¿se imaginan a Hitler invistiendo a un monarca?) que propició un régimen donde todo cambiaba para que no cambiara nada, manteniéndose los poderes tradicionales. La Santa Transición nos hizo creer que era posible pasar sin traumas de la premodernidad franquista a la posmodernidad almodovariana. Felipe González nos vendió el sueño del Estado de bienestar permanente, de Europa como madre nutricia y Aznar el del capitalismo popular (todos seremos ricos…). Hasta que la crisis de 2008 nos bajó a tierra. Spain is diferent. Y los problemas vienen, en buena medida, de esos orígenes viciados del actual régimen: se amnistió a los genocidas fascistas (único país que ha perpetrado algo similar), se decretó el olvido de los muertos republicanos, se impuso una monarquía de dudosa legitimidad… Todo para garantizar el orden, la paz y la estabilidad que se han convertido en la coartada para el dominio de una privilegiada clase política que ejerce su poder desde los partidos dominantes. Hoy los controles democráticos están supervisados por esa casta senatorial: apenas existe división de poderes, el Congreso está narcotizado por la mayoría gobernante, el Senado es un cementerio para venerables elefantes, la transparencia es pura retórica, el Tribunal de Cuentas fiscaliza con calculado retraso para que expiren los potenciales delitos del PPOE, la fiscalía general y buena parte de la judicatura son una sucursal del gobierno, como los institutos demoscópicos, la radio y televisión públicas… Una futura ley antidemocrática blindará a los políticos del acoso del pueblo airado, como lo hacen ya los medios en un país donde el periodismo libre es marginal y abundan paniaguados, tertulianos teledirigidos, turiferarios e intoxicadores varios.

La alianza entre poder político y financiero avanza en toda Europa, pero en España es una misma cosa; de ahí las puertas giratorias por las que transitan políticos que luego son directivos de grandes empresas o viciversa. Esta obscena entente lo invade y pervierte todo, por eso el libre mercado es aquí una entelequia… Somos el único gran país europeo donde pervive una remozada versión del régimen señorial: reparto de beneficios con doble vía entre la casta política y la financiera del que los EREs andaluces y la financiación irregular del PP son los postreros episodios. Eso explica que aquí importen más las rentables (para ellos) y ruinosas (para nosotros) megainfraestructuras que conformar un tejido industrial conscientemente desmantelado. Contamos con la red de alta velocidad más extensa del mundo que conecta ciudades desindustrializadas, tenemos una pormenorizada red de endogámicas universidades sin excelencia para fabricar titulados emigrantes, disponemos de auditorios y museos de arte contemporáneo firmados por arquitectos estrella cuando no hay ya presupuesto para eventos ni mercado para el arte… Somos una excepción porque nunca hemos sido capaces de llegar a pactos para los asuntos de estado: la educación está al albur de los caprichos ideológicos del gobierno de turno, lo mismo que la política exterior o las relaciones con las comunidades autónomas. A estas alturas no tenemos claro nuestro modelo de Estado, tensado por los nacionalismos español y periféricos, ni sabemos qué patrón económico seguir, por eso improvisamos con pelotazos (Eurocasinos, la última ocurrencia) mientras se jibariza la investigación y se menosprecia la educación, únicas garantías de futuro.

La cultura también sobrevive en estado de excepción. Tras utilizarla como escaparate subvencionado más que como industria y fuente de riqueza, ahora se desmantela sin remisión en buena medida por prejuicios ideológicos (“esos rojos…”). Nuestro miope gobierno no entiende que el entertainment es una de las primeras aportaciones al PIB estadounidense o que la Comisión europea apoya este sector por ser uno de los de mayor proyección económica. También somos excepcionales, con Italia, por el protagonismo que adquiere la Iglesia en un estado supuestamente laico donde, además, el peso de la práctica católica es más bien discreto. Esta complicidad entre el gobierno y sus señoritos explica que seamos la única nación de nuestro entorno en el que avanzan las “milagrosas” privatizaciones de empresas públicas que no mejoran el servicio -el Mierdid de Botella es un ejemplo- pero sí los beneficios de las élites asociadas (los políticos facilitadores suelen acabar como dirigentes de las empresas elegidas). Si bien esta es una tendencia generalizada en el panliberalismo dominante, somos los europeos que más hemos avanzado en desigualdad; no es extraño con un sistema fiscal que descarga el peso en los trabajadores con nómina y exonera, a través de salidas camufladas, a los potentados. Tampoco es extraño, nuestra derecha es la única en Europa que alberga a la ultraderecha y la única que se identifica claramente con una rojigualda para muchos bajo sospecha (otra excepcionalidad).

No somos excepción en una mentalidad latina donde triunfa la mentira (el PP se fundamenta en ella: Prestige, 15M, programa incumplido), donde no se valora la excelencia profesional, sino la fidelidad perruna y la incompetencia con amigos. ¿Tiene salida este país con abundante talento y vitalismo creativo? Sí; que mandemos al infierno el legado de Franco –custodiado por la cruz más grande de Europa, otra excepción- y que cambie la mentalidad de los ciudadanos para mandar al infierno la otra herencia, el régimen señorial que nos carcome.


                                      Jaime Miñana.  Filósofo 


domingo, 6 de octubre de 2013

POR EL CAMBIO... DE RÉGIMEN



España está enferma. Los "bunkerizados" partidarios del régimen de la Transición no se han enterado, o no se quieren enterar, y aplican cataplasmas a un enfermo terminal. La Constitución está muerta y su máximo garante -el presidente criptopepero del Tribunal Constitucional- totalmente desautorizado. El tancredismo y el miope partidismo cortoplacista de Rajoy han llevado las instituciones al descrédito o al marasmo, que no sabemos qué es peor. El Gobierno huele a muerto, el PSOE está en la agonía, UPD danza con oportunismo la yenka e IU se ve desbordada por una creciente ola de indignación social, lo mismo que la vetusta maquinaria sindical. El plan de los partidarios de este régimen comatoso es resistir (prima preservar sus privilegios), pero la realidad se les está echando encima. El fuego ha empezado en Cataluña. El órdago de una mayoría que no se siente española, azuzada por interesados virus nacionalistas, va en serio y ahora no es presentable recurrir al Ejército como garante de la "incuestionable unidad de España". ¿No se abrió el hermético melón constitucional para satisfacer a los MerKados, con k de Merkel?, por qué no volver a hacerlo para lograr un encaje de las nacionalidades históricas (los vascos están agazapados dejando ahora a los catalanes el trabajo sucio…). Los periféricos han encontrado un sueño al que amarrarse ante el naufragio del Estado español mientras los socialistas hacen gorgoritos federalistas y el Gobierno se enroca blindando una Carta Magna que se salta a la torera en la sostenida demolición de los derechos sociales, asesinando a Montesquieu y su división de poderes, despreciando al Parlamento o haciendo continua burla del respeto y transparencia democráticos. ¿Pero quién puede creer a estos políticos de la derecha que han sostenido -presuntamente, claro- una mafia lucrativa en connivencia con los poderes económicos para saquear impunemente los recursos del Estado? ¿Pretenden convencernos con letanías goebbelsianas amplificadas desde su vasto y paniaguado imperio mediático, o pretenden narcotizarnos con leyes de transparencia buenrrollista? La patética pantomima del Presidente-plasma y sus acólitos ha llegado a tal punto que estoy seguro de que hay muchos ciudadanos con un mínimo sentido crítico, además de los catalanes, que firmarían la "independencia virtual del Gobierno de Rajoy".

Pero no solo es culpa del jefe de Ejecutivo más incapaz de la Democracia (ZP dejó el listón-tontón muy alto); el diagnóstico cancerígeno tiene más calado: el régimen de la Transición se ha quedado obsoleto, superado en todos frentes. Nació de un pacto en el que las izquierdas renunciaron a sus legítimas demandas históricas, políticas y sociales para asegurar una democracia coronada por un heredero designado por Franco que preservaría el tablero dominante de las fuerzas fácticas de siempre. Se entiende la urgencia de aquellas circunstancias especiales, pero por eso mismo los problemas de fondo se acometieron a medias para satisfacer supuestamente a todos. Y de aquellas "comprensibles" medianías estos grandes sofocos. Los parches de entonces han devenido insalvables socavones ahora… Se cerró en falso el planificado genocidio de Franco (Paul Preston dixit y la Justicia argentina nos lo recuerda ante la reiterada obstrucción de los jueces españoles), se improvisó el "café para todos" de las autonomías que hoy no contenta ni a los crecientes jacobinos, nostálgicos del “una, grande, libre”, ni a los radicalizados nacionalistas periféricos; aprovechando la corriente de consenso, y para conjurar el caos, se instauró un sistema político que  fortalecía unos partidos que han devenido casi únicos actores con poder omnímodo a través de una clase senatorial conchabada con los superpoderes económico-financieros. Ciertamente nos dieron una democracia formal, nos sumergieron en el sueño de una Europa próspera que ahora Merkel ha vendido a los mercados y nos depararon un ansiado estado de bienestar que están desmontando con alevosía... La ciudadanía más consciente no se contenta con esas apariencias, desea un profundo replanteamiento en pos de mecanismos genuinamente democráticos del siglo XXI: resortes participativos en la era online, creíble transparencia, economía del bien común (Christian Felber), control de las oligarquías y superpoderes, respeto a las identidades nacionales, sexuales, religiosas y culturales, valores ecológicos y solidarios, educación y sanidad públicas de calidad, apuesta por la innovación y la cultura, etc. Por mucho que su retórica y su propaganda remitan a inminentes paraísos de prosperidad (siempre económica, lo demás qué más da), los dos grandes partidos no apuestan por ese cambio radical, discurriendo la praxis del actual gobierno en sentido contrario. La derecha en el poder es ideológicamente rancia, españolista y autoritaria, su praxis es corrupta, benefactora de sus oligarquías, opaca, manipuladora y mentirosa; su proyecto económico es enemigo de la industria cultural, caciquista, partidario de los pelotazos especulativos y del empresariado señorial antes que del cacareado emprendimiento; es depredadora del medio ambiente, católica al viejo uso (el Papa Francisco la ha puesto en evidencia), incompetente y moralmente deslegitimada. El Gobierno se aferra a cualquier síntoma de buen augurio macroeconómico que casi siempre se corrige al mes siguiente - exportaciones, empleo y pasará con la prima de riesgo-, pero la realidad es muy tozuda: la deuda se agiganta, el paro persiste, el consumo sigue estancado, la industria continúa desmantelándose y el crédito no fluye…; hemos salvado a los podridos bancos con nuestro dinero mientras se empobrecen las clases medias y trabajadoras, la generación de jóvenes mejor preparada de la historia hace cola en los aeropuertos, la marca España no vale un chavo (pregúntenselo al COI) y nadie se atreve a emprender porque no hay flujo dinerario ni confianza. Ante este estercolero el PSOE no se visualiza como alternativa creíble para unos ciudadanos que parecen estar demasiado a la expectativa, demasiado temerosos. Solo nos queda confiar en los hados. ¿Sacarán las acuciantes circunstancias de su privilegiado búnker al putrefacto establishment de la Transición? Entretanto sigue oliendo a cadáver nada exquisito.

                                      
                                        Jaime Miñana. Filósofo          






miércoles, 2 de octubre de 2013

EL AYUNTAMIENTO DE QUIJORNA (PP) ALBERGA ACTOS FASCISTAS


Colegio público de Qujorna (Madrid), 28 de septiembre de 2013


Mi amigo Javier, que vive en Quijorna (Madrid), me ha enviado esta carta para que la difunda desde este blog. Es la voz de un demócrata indignado contra una alcaldesa del PP que alberga, bajo paraguas institucional, guiños fascistas que van más allá del mentado mercadilllo, pues ha dedicado una plaza y una placa (colocada el 29.9.2013) a los "Caídos por Dios y por España" que intervinieron en las batallas entre españoles que tuvieron al pueblo como escenario (6 al 8 de julio de1937): https://www.youtube.com/watch?v=iP5fylmRn7c. 
No es tan extraño... En España toda la derecha está cobijada en el mismo paraguas...


Sra. Alcaldesa:
Soy un ciudadano habitante de Quijorna. Me ha parecido indignante que un Ayuntamiento formalmente democrático apadrine el último fin de semana de septiembre una muestra donde se airean los símbolos fascistas y nazis, ideologías que promovieron (junto a los totalitarismos comunistas) las mayores atrocidades y el sistemático atropello de los derechos humanos en las décadas centrales del atormentado siglo XX. Ustedes se excusan argumentando que era una muestra mercantil, pero el espacio de ambigüedad semántica, por la presencia preeminente de esta simbología totalitaria presidida por una pancarta que rezaba “¡Saludo a Franco! Arriba España”, es cuando menos muy inquietante. Ningún poder democrático debe permitir esas ambigüedades con los fangos más miserables de la Historia reciente… Pero es que, además, ustedes han cruzado la frontera de la ambigüedad erigiendo un monolito a los “Caídos por Dios y por España”, monumento promovido por un regimiento que luchó en un bando determinado; la citada unidad militar no defendía en absoluto los valores democráticos que establece la Constitución de 1978 bajo la que usted está gobernando como Primer Edil.
¿No dicen desde el PP que hay que olvidar esa terrible herida de la guerra fratricida de 1936? Pues bien, no se logra con actos sectarios como estos, citando solo a unos uniformados de un bando, proponiendo héroes a unos “defensores de Quijorna” en nombre de un fascismo que luego sufrimos con una dictadura atroz; ¿o es que los que defendían el gobierno legal y democrático de la República no eran españoles? Para ustedes parece que no y mucho menos héroes.
Como ciudadano que paga sus impuestos en Quijorna exijo una explicación sobre la financiación de este acto de exaltación militarista y fascista cuya memoria pretende perpetuarse con un monolito de exaltación fascista. Hiere mi sensibilidad de ciudadano demócrata y propongo su inmediata demolición, aunque solo sea en nombre de las numerosas asociaciones de la Memoria Histórica a las que haremos partícipes de esta tropelía. En modo alguno quiero que mis impuestos vayan a parar a estas miserables nostalgias que repugnan a cualquier demócrata; también exijo que se explique públicamente la posible financiación a ese mercadillo cuya calificación ética y su repugnancia política ya ha sido comentada ampliamente por la prensa libre.
En cualquier país de cultura democrática madura una alcaldesa como usted ya habría dimitido. ¿Se imagina a un Primer Edil de un pueblo cercano a Berlín alentando las simbologías y mercadeos nazis? A mí, como ciudadano demócrata, no me representa y le exijo la dimisión, por decencia moral y por incumplimiento de los valores de la Constitución, con la responsabilidad democrática que eso acarrea.
Atentamente
En Quijorna, a 1 de octubre de 2013 (funesto aniversario de la designación de Franco como Jefe supremo del ilegítimo bando sublevado en 1936 que quizá  los entusiastas asistentes del acto apadrinado por el Ayuntamiento de Quijorna hayan celebrado).

JAVIER HERNÁNDEZ RUIZ

  QUIJORNA (MADRID)



miércoles, 11 de septiembre de 2013

MADRID 2020 HA PUESTO EN EVIDENCIA LAS VERGÜENZAS DEL PP

Buenos Aires 7.9.2013. Madrid cae en la primera votación entre las tres candidatas a organizar los Juegos Olímpicos de 2020. La delegación española no daba crédito. No había plan B, pues la victoria se daba por segura. Tampoco TVE, confiada en prolongar los triunfales festejos hasta la madrugada, había previsto una alternativa, por lo que improvisó en la programación una obra maestra del cine casposo con sanchopanzesco título: Desde que amanece, apetece. Una muchedumbre, entusiasta al principio, regaba ahora con lágrimas la Puerta de Alcalá acordándose de las madres de los miembros del COI. La alcaldesa y Rajoy volvían en el avión presidencial con la cola de la gaviota entre las piernas y la mirada perdida en un relaxing café con leche... Botella había quebrado su futuro político y Rajoy había perdido la oportunidad de pasarnos por las narices otro triunfo internacional de su cacareada “marca España”.

El tetrafiasco olímpico ha puesto al descubierto las vergüenzas del partido en el poder. Su único plan de gobierno consiste en narcotizar a los cabreados y sufridos españoles a golpe de megaeventos deportivos y de ludomegaproyectos que nos traerán la Tierra Prometida del empleo a cascoporro con barra libre de putas, humo y tragaperras. Después de tanto tiempo y tantos desengaños, resulta que seguimos como en Bienvenido Mr. Marshall, esperando que nos caiga una limosnilla del COI o de un judío yanqui. Fiesta, pasodobles y choricillos fritos para el pueblo mientras los chorizos de siempre se lo llevan crudo. Esos son, de hecho, los principales perdedores de Madrid 2020, ese puñado de empresas ligadas al poder que ya no ejercerá su pactado vampirismo con capa de aros multicolores.



España no cambia. Nos pasó en la cresta del imperio donde no se ponía el sol que abrasaba al pueblo en la miseria, a los hidalgos famélicos y a los soldados destripados en desnortados campos de batalla. Nos pasó en 1898 cuando despertamos del último sueño imperial en medio de la oligarquía y caciquismo de la Restauración mientras se acallaban las voces honestas, como la de Joaquín Costa. Nos pasa en este largo fin de régimen bañado en esperpento y corrupción. Y siempre los mismos los perdedores; los ilustrados cercados por la superchería y el absolutismo, los liberales modernizadores del XIX fusilados en las playas, el republicanismo cívico del siglo XX masacrado por el “Muera la inteligencia”… Siempre las mismas víctimas: la ciencia, el progreso, la justicia, la igualdad, la verdadera democracia…

El batacazo bonaerense ha puesto en evidencia la falaz mitología de la derecha española: rigor, modernidad, eficiencia económica, marca España. Ni saben hablar (menos en inglés), ni argumentar con sólidas razones ni interpretar los designios de un sanedrín internacional. El fiasco olímpico ha revelado la prepotencia de los dirigentes españoles que se creen que todos son tan tontos como su pueblo, al que pueden engañar con un par de verónicas digitalizadas. Porque nuestra derecha es tan quijotesca que se empeña en hacernos creer que hay gigantes donde todos vemos molinos e insultarnos además por ese “error perceptivo”. Nuestra marrullera derecha, advocando a Goebbels, cree en el poder de las mentiras amplificadas como un interminable mantra por su gran espectro mediático. Pero en la era de Internet los españoles tienen otras fuentes y se han vuelto más críticos. Por eso casi nadie los cree, por eso cada vez es más patética su pretensión por convencernos de sus falacias en nombre de su sacrosanto derecho a ostentar el poder y saquear los recursos del Estado. Porque, más allá, de tanto atuendo mediático el Rey está desnudo y hemos visto sus vergüenzas: que basan su programa económico en los pelotazos, que su única estrategia es beneficiar a la élite económica amiga que a su vez les beneficia, que no apoyan realmente a las PYMES ni a los emprendedores ni a la clase media, que son unos incompetentes (miren al Gobierno de Rajoy), que no están preparados para una sociedad globalizada y compleja, que son nacionalistas españoles excluyentes y no entienden la complejidad identitaria ibérica, que están desmontando el Estado de bienestar para beneficiar a unos pocos, que no creen en la democracia –gobiernan con un programa distinto al que presentaron, desprecian el parlamento, mienten sistemáticamente a la ciudadanía-, que su partido es, “presuntamente”, una máquina para repartir dinero entre sus dirigentes principales…

La línea ilustrada y modernizadora siempre queda aparcada. ¿Por qué en lugar de mover espantajos efímeros nuestros responsables polìticos no nos ilusionan con el impulso de la ciencia y la tecnología punteras, en inversiones para promover las energías renovables, la educación de calidad, la creatividad y la cultura que generan valor añadido, en el bienestar de los ciudadanos, etc. Quizá porque eso no es rentable a cuatro años, quizá porque eso no da dividendos a su Cosa Nostra. Esta castastrófica sintomatología es también la de la quiebra del régimen de la Transición, sostenido por otro partido que ha participado de muchos de los mecanismos viciados del sistema. Por eso la solución es el cambio de régimen, el borrón y cuenta nueva para recuperar una genuina democracia. ¿Cómo se hace? Los ciudadanos tienen la palabra.


miércoles, 14 de agosto de 2013

EL PAÍS DE LA AMNESIA

     Álvarez Cascos y Arenas en al Audiencia Nacional


España es un país sin memoria. Ni las leyes de Memoria Histórica funcionan ni las dejan funcionar. La democracia postfranquista se cimentó sobre la amnesia del franquismo sangriento y corrupto por políticos a los que les interesaba olvidar y por otros que sacrificaron los recuerdos en aras de la recuperación de la voluntad del pueblo. Desde entonces imperó el olvido. Se olvidó que Juan Carlos I era el cachorro de Franco, se olvidó que AP era el franquismo camuflado, el PSOE desmemorió sus siglas, su tradición, su marxismo originario, el PCE su republicanismo... El régimen de la Transición es el régimen de la desmemoria.

Nuestros políticos, por tanto, han fundamentado su actuación en el olvido y su pariente, la mentira. Rara vez asumen responsabilidades políticas, encomendándose a una responsabilidad penal que se diluye en un sistema judicial controlado por ellos mismos.En esta democracia eternamente transitiva los delitos de políticos y financieros se olvidan fácilmente mientras cualquier hurto es penado con saña.También se pierde la memoria a la hora de poner en práctica los programas electorales, llegando incluso Rajoy a invertir totalmente sus dictados tergiversando los mecanismos de la democracia... 

En un país donde la corrupción se olvida sistemáticamente e incluso se refrenda en las urnas (miren a Valencia), no es de extrañar que los secretarios generales del PP no recuerden nada en sede judicial; ni que, en sede parlamentaria, el Presidente del Gobierno tenga memoria de sus tratos con un amiguito a quien enviaba animosos SMS. España es un país desmemoriado donde hasta las palabras han perdido su carga semántica. Son meros balbuceos, alaridos o fatuos fuegos fáticos. España es un silencio de ruidos. España es un exabrupto amnésico. Despreciada la vía de las responsabilidades políticas, manipulada la vía judicial, la única esperanza es que la ciudadanía esta vez no pierda la memoria y pase factura en el único canal -manipulado por D'Hont- que nos conceden para luchar contra el olvido: las urnas.

martes, 30 de julio de 2013

UTOPÍA

                             Capitanes de abril (María de Medeiros, 2000)


     La madrugada de San Fermín me asaltó un sueño extraño. Quizá azuzado por los últimos acontecimientos de Egipto, por el derrumbe de la vida púbica española, puede que abducido por las noches de canícula… No sé si a modo de terapia, me permito compartirlo con ustedes. Era en color, con banda sonora y escenas muy vívidas. En fin, una peli que cautivó mi atención por un tiempo que no sabría definir pero que se desarrollaba en el verano del 2014. Me desperté temprano –en el sueño- y puse la radio en una emisora que en vigilia había decidido vetar: RNE-1 emitía música pop española de los ochenta y no había noticias. Intenté cambiar de dial sin éxito…; de nuevo en la radio pública  el boletín de las ocho informaba que el país estaba bajo control de un directorio militar integrado por algunos coroneles y capitanes de mediana edad (eso explicaba el remix de pop ochentero). Recurrí a Internet, a las redes sociales… y me topé con el gran apagón. En TVE, única cadena activa, aparecía en esos momentos el portavoz del directorio, sin banderas ni retrato del Rey, tras un fondo de una atinada imagen de satélite de la Península Ibérica. Era un joven coronel de semblante relajado, de convincentes habilidades comunicativas. Comentó que la Operación Dignidad se había producido in extremis para poder “recuperar el impulso ético  de un país mancillado por los políticos, la corrupción e intereses espurios….”. Pidió excusas por la momentánea suspensión de algunas garantías democráticas (obvió la palabra “constitucionales”), insistiendo en que esto era transitorio y por razones estratégicas, pero que precisamente esta excepcionalidad lo que buscaba era recuperar la genuina democracia. Nunca tuve simpatías por los militares y mucho menos por sus incursiones políticas en este país, que tradicionalmente han sido para machacar al pueblo, pero esta vez me sorprendió mi empatía con lo que transmitía ese uniformado… Se despidió con una sonrisa indicando que a mediodía habría una rueda de prensa abierta a todos los medios en el Congreso de los Diputados.

          La situación en el país del sueño se había deteriorado gravemente. La economía no remontaba, la deuda y el paro disparados pendían cual espada de Damocles en contraste con otros indicadores económicos en catalepsia. Todo eran recortes, despidos y mermas en derechos de los trabajadores sin que fluyeran los capitales para reanimar el motor productivo. Pero era mucho más preocupante la situación política, con una abierta guerra en el partido del gobierno a consecuencia de las continuas revelaciones de Bárcenas (propiciadas por la conspiración Aznar-Gallardón-Pedro J). El PSOE también había estallado en banderías tras la decisión de Rubalcaba de presentarse como candidato para “salvar la estabilidad”. Por no hablar del jaque a la Monarquía con Urdangarín en la cárcel y algunos magistrados -la judicatura, como la prensa, era mayoritariamente cipaya- cercando a su esposa y presunto cómplice. Todo ello agrandaba la indignación en la ciudadanía empezando a cuajar los discursos más radicales. Surgieron grupos abiertamente fascistas, aunque predominaban cívicas propuestas regeneradoras para acabar con el Régimen de la Transición, sinónimo ya de corrupción, desigualdad y privilegios. Pero lo que nadie se esperaba era la vuelta del terrorismo, no del etarra, sino de varios grupos que enseguida fueron tachados de “antisistema”, si bien irían ganándose la empatía ciudadana por sus acciones nunca letales contra bienes de banqueros, grandes empresarios, elite política y alto clero. El más activo fue el Frente 12 de octubre, que irrumpió celebrando el día de la Hispanidad con la voladura del chalé del Presidente de un banco. Aunque no hubo víctimas, la acción fue un shock para la clase política y financiera. Por vez primera ellos sentían “el miedo que habían socializado entre los ciudadanos con sus injustas medidas”, según rezaba el breve comunicado de los “terroristas” que pretendían luchar contra este “Estado cleptómano de cohecho”.

        Se celebró por fin la esperada rueda de prensa con el citado portavoz rodeado de un grupo de uniformados que no superaban el rango de coroneles. Tranquilos y sonrientes, anunciaron que el país recuperaría progresivamente la normalidad, que el Rey “estaba informado”, que Gobierno y Parlamento quedaban suspendidos para propiciar un proceso constituyente que garantizase reglas de juego auténticamente democráticas. Para ello se celebrarían unas elecciones en tres meses bajo un sistema proporcional justo, listas abiertas y el concurso de todas las agrupaciones políticas que cortapisas; solo se vetaría a los candidatos implicados en casos de corrupción (incluyendo el Presidente Rajoy y buena parte de la clase política). Durante dos largas horas los militares respondieron con soltura a todas las preguntas de los periodistas sin restricciones ni evasivas, poniendo sobre el tapete un programa reformista que venían defendiendo las plataformas ciudadanas avanzadas. Los “coroneles bonitos”, como se les empezó a llamar, justificaban su recurso a la fuerza para neutralizar las “maniobras de los poderes oligárquicos”. No se equivocaban, las andanadas llegaron desde la Comisión Europea, el FMI, el Banco Central Europeo… Angela Merkel salió a la palestra para “exigir” la vuelta a la normalidad democrática sumándosele otros corifeos europeos mientras Estados Unidos callaba… Se sucedieron presiones muy fuertes desde instancias económicas y del “viejo régimen”, pero paralelamente grupos de ciudadanos activos neutralizaban esa ofensiva en el ciberespacio o presencialmente, blindando lugares estratégicos para la “causa del pueblo” coordinados con los “golpistas”, quienes nunca imaginaron un escenario tan propicio. Las presiones internacionales se reavivaron tras la noticia de que en Lisboa se había perpetrado otro golpe de mano de “los nuevos capitanes de abril” en sintonía con los hermanos ibéricos. Igualmente en Atenas estalló la rebelión, esta vez sin militares, y la plaza Sintagma se desbordó exigiendo el final de la dictadura de la troika. En ese momento me desperté con una extraña sensación. Pensé que todo era un despropósito, que el Ejército no era del 15-M, que los ciudadanos se resignaban impotentes, que la impostura democrática y la corrupción seguían allí supervisadas por las oligarquías financieras… Eran las ocho, encendí el televisor y me topé con el primer encierro de los sanfermines. Todo seguía igual. O no.


         Jaime Miñana.  Filósofo  (@jaimeminana)