El PSOE se desploma, claman las encuestas a un mes de la prueba de fuego. Rajoy, repantigado con el puro, contempla la mayoría absoluta. La gente tiene miedo y se aferra a los tópicos: la derecha gestiona mejor la economía, activará el empleo…. La gente no suele mirar más allá de sus narices, y ante ellas está un panorama económico desolador, sin visos de futuro. De poco sirve decirles que el PP acentuará los recortes, el desmontaje del Estado de Bienestar, de poco sirve decir que estos son los valedores de los incendiarios que han prendido el fuego y ahora quieren hacer de bomberos… Hay algo que las narices de la gente intuye bien: éste es el sistema que hay y si hay que darle oxígeno no valen cataplasmas. Recortes, sangre, sudor y lágrimas. Otra cosa es que creas, como yo creo, que el capitalismo hiperfinanciero de hoy no es válido y que, además, colapsará a no mucho tardar. Pero esa hipótesis los inminentes electores no quieren ni imaginarla. Así pues, demos alas a la gaviota para que la economía se dinamice algo, lance a los emprendedores salvadores y, al menos, todos tengamos un empleo, aunque sea precario e infra-mileurista. Lo importante es que la maqinaria económica chute para que el paro disminuya, para que podamos bajar sin sobresaltos al bar de la esquina (me debes lo de ayer y anteayer Paco)… Si luego todos nos vamos al carajo, al menos ya hemos ganado para unas birras. Birras para hoy y corralitos y cócteles (Molotov) para mañana….
BITÁCORA DE UN NÁUFRAGO INDIGNADO
Desde una isla casi desierta, un Robinson en el océano de la globalización. Atento/conectado/indignado veo pasar el mundo nada indiferente. Una verbena, un gran guiñol, un despropósito… Mas no puedo huir del sinsentido; estoy enganchado al destino de los demasiado humanos. Estoy condenado a pensar el mundo y verterlo en palabras y lanzarlo al mar en botellas de ceros y unos.
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domingo, 16 de octubre de 2011
sábado, 15 de octubre de 2011
HACIA UNA DEMOCRACIA QUE SEPARE EL PODER POLÍTICO DEL FINANCIERO
La Modernidad dio comienzo en Occidente cimentada en tres pilares: la declaración de los derechos del hombre, la apuesta por la razón y la ciencia y la separación entre Iglesia y Estado. La Posmodernidad vino a revelarnos que todos los “grandes relatos” eran eso, relatos, también el de la propia Modernidad. Cuando parecía que todos los mitos habían sucumbido nos dimos cuenta que no era cierto (Lyotard, profeta de la posmodernidad, lo advirtió al final de su vida). Quedaba uno sin derribar... El tándem Reagan/Tatcher, refrendado por los profetas del “final de la Historia” y los gurús del neoliberalismo, lo dejó claro: vencido el comunismo, solo nos quedaba el Mercado, con mayúsculas. Todos, incluidas las corrientes políticas dominantes, conservadoras o socialdemócratas, parecieron asumir ese dogma; unos para sacralizar las inercias de la libre iniciativa (Adam Smith estableció que contribuía al bien común), otros para paliar sus desajustes en un Estado de Bienestar cada vez más acosado. Todo se gestaba desde la única Superpotencia. En el orden político Estados Unidos ejercía con singular arbitrariedad su papel de solitario supergendarme global, mientras el orden económico quedaba a expensas de los caprichos del Mercado. Ambas tendencias llegaron al paroxismo durante la égida de George Bush Jr. Mientras ejercía un control paranoico en su combate sin cuartel contra el terrorismo y otros enemigos imaginarios (las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein), dejaba operar sin cortapisas a los tiburones de Wall Street. Desmantelada la industria (China era ahora la fábrica del mundo) el poder mundial se ejercía desde un sector financiero hipertrofiado. Wall Street estaba sustituyendo como poder fáctico al célebre “complejo industrial-militar” sobre el que alertó el presidente Eisenhower en una última alocución televisada que resultó profética.
Las consecuencias de este cambio de supremacías son bien conocidas y las estamos padeciendo desde el verano de 2008. Y no es una situación exclusiva de Estados Unidos, sino que afecta a todo Occidente. Eso explica que nuestros gobiernos, más allá de las primeras proclamas de control financiero, hayan acudido prestos a socorrer a los bancos con dinero público. Eso explica que la Unión Europea esté pilotada por los intereses de los bancos franco-alemanes, los auténticos acreedores de todos los “cerdos” (PIGS) que están sacrificando sin piedad en un San Martín encadenado, de Atenas a Dublín pasando por Lisboa. Ante esta tiranía financiera nada tienen que hacer las políticas socialdemócratas, cuyos mentores han sido igualmente forzados a desmontar el Welfare State. Papandreu y Rodríguez Zapatero son dos ejemplos de ese obsceno trágala que está descalificando la izquierda posibilista europea. ZP ha sido un presidente tolerante con esa prepotencia financiera -nunca cuestionó la primacía del entramado bancario español y la burbuja inmobiliaria que sostenían- por muchos gestos progresistas que hiciera en materia de derechos sociales (eso es folklore para Botín y Cia) y cortes de mangas al Imperio (al final la cesión de Rota le ha convertido en el más fiel de sus monaguillos). Es el sino de las actuales “democracias avanzadas”: elegir a dirigentes que son tolerados por el omnipoder financiero siempre y cuando no cuestionen su supremacía. Obama es un caso paradigmático. Tras el fiasco de su zafio y estulto predecesor, se requería un rostro más presentable y políticamente correcto para mantener el tinglado: que todo parezca que cambie para que todo siga igual. El primer presidente afro-americano ensayó algunos cambios aguados o frenados por los republicanos (los agresivos guardianes del sistema y de las esencias), pero no cambió nada sustancial en la cuestión clave; el poder financiero seguía incólume.
Y así siguen las cosas como les interesan a los que realmente mandan. Éstos también controlan los thinks tanks y los oráculos académicos. El incisivo y riguroso documental Inside job descubre los chalaneos entre las facultades de economía que dominan el pensamiento en el sector y los intereses de los poderes financieros. Quizá eso explique que los economistas no dan una en las predicciones –los críticos que acertaron no tenían altavoces mediáticos- y se hayan convertido en especialistas en explicar todo solo a toro pasado. Entre tanto, los ciudadanos del primer mundo están desconcertados, dedicándose a castigar a los gobiernos para exorcizar el fantasma de la crisis. Eso es lo que va a ocurrir previsiblemente en España el próximo 20-N. La gente votará al PP tras los desaguisados socialistas, sin reparar que ese partido todavía no ha mostrado apenas medidas de gobierno y donde gobierna aplica con pulso firme el desmontaje del Estado de Bienestar, empezando por la educación y la sanidad. Amparados en la creencia de que nada puede ser peor que lo anterior, de que “la derecha gestiona mejor la economía”, el electorado español puede optar por un gobierno conservador que defiende el modelo neoliberal que ha ocasionado el apocalipsis actual. ¿Cómo se puede apagar el fuego llamando a los incendiarios? Pero la coherencia no parece ser el valor más reclamado por una ciudadanía sangrada por el paro y con deseos de que se dinamice la economía al precio que sea…
Sin duda, la clave no está en mudar de siglas políticas, sino en cambiar de sistema. Necesitamos una refundación del capitalismo y de la democracia representativa, secuestrada ésta por la partitocracia y ambos por los centros financieros. Como ocurriera en la génesis del sistema en el siglo XVIII, cuando se liberó la cosa pública de la tutela religiosa, ahora necesitamos que el poder político se independice del poder financiero. Ese cambió de sistema es lo que reclaman muchos ciudadanos en todo el mundo, a través de movimientos como el 15-M o el más reciente de Occupy Wall Street; también es lo que demandan muchos intelectuales libres (no paniaguados de Wall Street y demás turiferarios). Solo con esta presión ciudadana sobre unos políticos que han hecho dejación de su supremacía moral y política sobre las instancias financieras se pueden encaminar las cosas hacia una solución duradera. Y para ello hay que preservar un estado de bienestar viable, un tejido económico dinámico, competitivo, respetuoso con la excelencia y un equitativo sistema fiscal. Lo demás, es decir, el juego de la elección de esos logos que han secuestrado la democracia real, es pan para hoy y hambre para mañana.
Jaime Miñana @jaimeminana
sábado, 1 de octubre de 2011
Crónica de un desastre continuado: brookers cínicos, sueños derribados y Superman rogando al Altísimo…
Muy mal tiene que estar la cosa...
Los niños, los tontos y los farsantes dicen las verdades. De eso hemos tenido buena prueba esta semana, cuando se han puesto en circulación las declaraciones del semi-farsante brooker Alessio Rastani en la fiable BBC:http://www.publico.es/dinero/398537/en-un-ano-millones-de-personas-perderan-sus-ahorros. Dice lo que todos sabemos, que en este gran guiñol financiero que nos embarga –nunca mejor dicho- los políticos, los estados no pintan nada. Todo depende del capricho de los mercados y de tiburones como él. Qué más da que no sea un corredor de pedigrí, lo que ha dicho con osado cinismo es certero. Por mucho que descalifiquemos al mensajero, las verdades del barquero ahí siguen.
Y para verdades las que lanza como puños el socarrón George Carlin. En el vídeo que aquí adjunto se empecina en mostrarnos las vergüenzas del sueño americano (así se titula el show) o, mejor dicho, de cómo han dejado ese cacareado ideal los actuales detentadores del poder en Estados Unidos. El presidente Eisenhower dijo en su enigmático/visionario último mensaje televisado que había que tener cuidado con el complejo industrial militar. La historia americana de los años siguientes fue una prueba fehaciente del poder omnímodo de ese entramado. Ahora ha sido sustituido por otro poder más evanescente pero igualmente fáctico que tiene su sede en el Monopoly financiero de Wall Street. ¿Tendrá que venir Superman a salvarnos de estos sibilinos, todopoderosos villanos? El otro día (ver foto arriba) el superhéroe fue sorprendido rezando en una iglesia. Muy mal tienen que estar los tiempos…
lunes, 26 de septiembre de 2011
GEN DE LA DESIDIA MADE IN SPAIN
Lo intuía y lo confirmé. Nueva York es la capital del mundo, la Nueva Roma contemporánea. Todavía sigue siendo la cabeza del imperio dominante. Recientemente he visitado las megalópolis chinas y se palpa en el ambiente: todavía les queda mucho para alcanzar el pulso de la Gran Manzana. NY se construyó con un gen de supervivencia que se desarrolla en un ecosistema humano de máxima competencia. Aquí todo el mundo parece impulsado por esa máxima de la Constitución americana: “Porsuit of happiness” (“Buscar la felicidad”). He conocido a un puñado de emigrantes hispanos activados por este “gen gringo” que los convierte en triunfadores… Uno piensa que esto es lo que ha activado también a las civilizaciones occidentales: la Grecia Antigua, Roma, la Italia Renacentista, la Inglaterra industrial… Como Atenas, Roma, Florencia o Londres, NY presenta esa doble cara de grandeza y miseria; se fomenta la creatividad individual al tiempo que crecen la explotación y la injusticia… Aquí, como entonces, también hay esclavos que sirven a los ciudadanos acomodados y a los turistas. Los cocineros, camareros, dependientes y taxistas son nuevos emigrantes que trabajan como esclavos, aunque ahora ven un túnel de salida por el que se colarán sus hijos probablemente. Como ocurriera con las minas de plata que sostenían el esplendor de Atenas o las barriadas proletarias de Manchester, hoy día ese vientre neoyorquino explotado sustenta la grandeza emergida del incomparable skyline. El american way of life es, por tanto, el último episodio de ese ambivalente impulso occidental que nos ha encaminado a dominar el mundo, aunque, como señala el siempre perspicaz Harold Bloom, ya hay síntomas de la caída del imperio de las barras y estrellas: el derrumbe financiero, la emergencia de la ultraderecha, la gran falla entre ricos y pobres, etc.
Soy crítico con las miserias del “sueño americano”, me solidarizo moralmente con los loosers (perdedores), compruebo las deficiencias de su magro Estado de bienestar (Michael Moore retrata incisivamente en Sicko las miserias de una Sanidad hipotecada por las compañías de seguros), detesto a un los republicanos que cada vez se aproximan más al fascismo... Sin embargo, al regresar a España, camino de mi retiro definitivo en “la isla”, experimento un extraño shock. Comparados con los neoyorquinos, los madrileños, los zaragozanos me parecen un poco zombis. Aquí la gente no está en absoluto activada; y no es solamente consecuencia de la transitoria galvana agosteña. Hasta nuestros emigrantes están tan contagiados por ese sopor que no hablan de negocios, iniciativas para prosperar, sino de apuntarse al paro o traer a su familia para que disfruten de la Seguridad Social. Muchos de esos migrados proceden de lugares similares a los que encontré en NY, por lo que algo está determinando tan diferentes comportamientos a un lado y otro del Atlántico. ¿Será el gen español que les ha infectado? Hablo con mis amigos del tema y muchos comparten mi impresión. Los más puteados son los pequeños empresarios, aquellos que dependen para sobrevivir de su esfuerzo y talento. Además de soportar presiones fiscales (aquí solo paga la amplia clase media) y encorsetamientos laborales, tienen problemas con sus empleados, que acuden a sus trabajos con un espíritu funcionarial, nada estimulante, nada creativo. Aquí las empresas (la mayoría son PYMES, no lo olvidemos) son el gran enemigo al que exprimir más derechos, más vacaciones, más…, pero nadie se implica en un proyecto común para que todos se beneficien. Por descontado que hay casos de abusos de la patronal y que hay que permanecer vigilantes con las grandes firmas. Pero no es menos cierto que nos comportamos en general como los nuevos ricos del Welfare State que reclaman mucho y se exigen poco; todo nos tiene que caer del cielo, de la empresa, de Mamá gobierno autónomo, Papá Estado o de los hermanos ricos de Europa. Así no me extraña que tengamos la productividad más baja del mundo desarrollado.
Pintan bastísimos y estamos metidos en urgentes medidas económicas, hasta cambios constitucionales, que no soy capaz de juzgar hasta qué punto son acertados. De lo que no me cabe duda es que necesitamos un cambio de chip, una nueva mentalidad que nos active, para que prime la competencia, la excelencia, la cultura del esfuerzo, la creatividad… frente a la indolencia, la endogamia, el “ya estoy colocado”, el enchufismo y el rentismo. Si no nos activamos en este sentido, los países emergentes se nos comerán por los pies (ya lo están haciendo) y nos convertiremos en la reserva espiritual de Europa (el gran sueño de Franco, vigía de Occidente); es decir un paraíso de vida mediterránea con diez millones de parados y una población activa restringida al sector servicios (los camareros de Europa y olé). Si eso se produce, el Estado de Bienestar será inviable y nuestro nivel de vida se irá reduciendo inexorablemente.
No suene esto a mantra neoliberal (vade retro Satanás), a deriva ideológica para hacer el caldo gordo a las multinacionales y superbancos (los auténticos culpables del desastre), que es precisamente lo que va a hacer el PP (ZP Bautista les preparó el camino) por mucha retórica de emprendedores y clases medias que ahora exhiba Génova para hacerse con la Moncloa. La verdadera reforma necesaria en España llegará, por tanto, cuando se aborden estos desastrosos hábitos culturales interiorizados, tras heredadas de esa España del hidalgo holgazán que presume tanto de su honor como de no trabajar… ¿Cuántos caraduras conocéis que se jactan de haber logrado un puesto en el que no dan palo al agua, cuál es la meta de todo español de pro sino colocarse de funcionario al lado de casa? Y no voy a descender a gremios, pues la culpa está bastante repartida. Ciertamente, no debemos perder nuestra peculiar cultura mediterránea del saber vivir (en eso tenemos que enseñar mucho a los newyorkers y a los europeos del norte), pero hay que empezar a mutar este gen español de la desidia para que se transforme en un agente transformador, capaz de desarrollar el enorme potencial creativo de este pueblo, hoy aletargado por el espejismo del “interminable bienestar europeo”. Afortunadamente no es un elemento genético, sino un dispositivo cultural con hondas, perversas raíces que hay que empezar a arrancar de cuajo.
JAIME MIÑANA. Filósofo @jaimeminana
viernes, 23 de septiembre de 2011
Esperando el 20-N
Nunca esa emblemática fecha fue tan esperada. No porque se haya puesto de moda Franco (San José María nos libre…) sino porque es el día fijado para las elecciones con menos suspense de la democracia (dicen). Negándose a sí mismo, José Luis Rodríguez Zapatero ha puesto al PSOE al pie de los caballos. La Historia demostrará si lo suyo ha sido un patriótico sacrificio (¡evitar convertirnos en otra Grecia o Portugal!) o un colosal error estratégico. De momento lo pagará su partido. Si ZP hubiera dimitido aquel fatídico mayo de 2010, en lugar de darle la vuelta a los principios que siempre había defendido, quizá hubiera quedado como un valor de futuro para la desconcertada izquierda europea. ¿Hubieran desestabilizado más esas elecciones anticipadas la situación económica de España? ¿Hubiera cosechado un resultado peor la erosionada marca socialdemócrata? El tiempo lo dirá. De momento tenemos al líder peor valorado de España enfilando el camino de la Moncloa, sin moverse, con la estrategia de la avestruz, fumando repantingado en su nube-estilita (Peridis fecit).
Rajoy de la luenga barba traerá a las Españas (perdón a la Una-Grande-Libre que se avecina) el dictado de los mercados y de Angela Merkel, sin cortapisas, en detrimento del Estado de Bienestar (esa antigualla socialdemócrata…). Lo están ensayando ya en sus taifas con el pretexto de poner orden en las cuentas… Los augures anticipan que los españoles, desesperados, avalarán el vuelo de la gaviota por un poco de plancton… Con el liberalismo azulón se colará el ramalazo autoritario que tiene una derecha heredera del franquismo. Las formas exhibidas por determinados responsables autonómicos ante los enseñantes en huelga lo avalan, así como el intento de los consejeros del PP –con la miserable abstención socialista- por controlar la edición de las noticias en RTVE… (http://www.publico.es/televisionygente/397593/los-partidos-politicos-deciden-controlar-la-informacion-de-rtve). Son tics que solo pueden parar, como así ha sido en el Ente Público, la rebelión de profesionales y ciudadanos. Lamentablemente eso no se produjo en Telemadrid o Canal 9, dirigidos por correveidiles de sus respectivos presidentes; tampoco se ha producido en el canal balear, donde recientemente se ha puesto al frente de la entidad al portavoz y Consejero de Presidencia del president Bauzá. Y es que es en la gestión de los medios públicos que hacen los conservadores españoles donde vislumbra su esquizofrénico credo. De un lado son muy liberales (en lo económico, claro), de otro muy controladores y autoritarios. Peculiaridades de una derecha autóctona que abarca desde los ultras hasta los socialdemócratas desencantados. Atentos, porque un futuro gobierno del PP se moverá entre esos dos polos… y la ciudadanía podría tener un destacado papel regulador…
domingo, 18 de septiembre de 2011
El despertar de los perdedores. Los indignados llegan a Wall Street
En el anterior comentario me fijaba en la cara resplandeciente del American Dream, pero existe, como en todo, un reverso. El Welfare State de Estados Unidos es el menos desarrollado de todos los países occidentales avanzados. La equidad y gratuidad en el acceso a servicios como la educación y la sanidad se sacrifica en aras de la sacrosanta libertad de la Constitución fundacional. El espíritu de los pioneros ha sido secuestrado por los republicanos ultras –ya son mayoría- para mantener los privilegios de un patriciado respaldado por “bientencionados patriotas” (¿hay algo más estúpido que ser pobre y de derechas?).
Estos últimos tiempos los cripto-fascistas republicanos adictos a la teína han estado muy activos, omnipresentes en los medios. Parece que los sectores progresistas, aunque más numerosos menos ruidosos, están empezando a desperezarse. El 18 de septiembre hubo un amago de réplica del 15-M madrileño en el emblemático corazón financiero de Nueva York (Occupy Wall Street). Eran apenas 300, pero como en la gesta de Leónidas muy aguerridos y concienciados. Entre ellos estaba Gary Louisa, un neoyorquino de 21 primaveras que no podía pagarse la universidad porque los bancos lo hipotecarían de por vida por un título… Pero el caso de este frustrado universitario no es emblemático por eso, sino por la terrible historia familiar que relata:
"Mi padre trabajó en la Zona Cero como soldador y murió de un cáncer provocado por lo que respiró. Se arruinó pagando las facturas del hospital. Este país no hizo nada por él y no está haciendo nada por mí. Yo tengo que elegir entre comer o ir al dentista, y hace tres años que escojo comer. Estoy en paro pero cuando trabajaba cobraba menos que mi padre hace 20 años. Vamos hacia atrás, no hacia delante. Y la situación es global. La gente corriente está harta de mentiras. Por eso hoy dormiré en Wall Street".
No es un caso único el del héroe del 11-S que acaba desamparado sanitariamente y arruinado. En su documental Sicko el “gamberro” Michael Moore se llevará a Cuba (¡ahí les duele!) a un grupo de loosers –también hay algún héroe de la Zona Cero- para que la sanidad comunista cubra generosamente lo que no les concede la primera potencia mundial, su amado país. No es un caso atípico el del joven Louisa privado del derecho de acceder a la enseñanza superior por falta de fondos… Cualquier intento de imponer una sanidad pública gratuita y universal choca en Estados Unidos con las tremendas presiones de los lobbies de las aseguradoras médicas y de las industrias farmacéuticas. Así frustraron el loable intento de Hilary Clinton durante la presidencia de su marido, así han cargado contra el proyecto descafeinado de Obama. Todo ello en nombre de la libertad de iniciativa, del libre mercado…
La ocupación simbólica del parque Zucotti, próximo a la zona que rige el pulso financiero del planeta, puede ser el principio de un necesario despertar. No se puede estar con los brazos cruzados ante el acoso de los hijos de las tinieblas…, proclama un pasaje de La Biblia, ese libro que tanto citan los degustadores de té.
También en esa parte del Low Manhattan se encuentra un lugar que ha alcanzado cotas insuperables de densidad simbólica. La Zona Cero representa el cambio de milenio, el inicio del fin del Imperio Americano (¿?), la heroicidad anónima, la gran conspiración, la impotencia de la superpotencia ante el nuevo terrorismo, el fracaso de las políticas de Oriente Medio, etc. Una década después del fatídico 11.09, ¿qué ha cambiado en el mundo?, ¿hemos aprendido de nuestros errores? Según René Naba parece que no (http://www.renenaba.com/manhattan-transfer-au-coeur-du-sanctuaire-americain/). Occidente sigue apoyando a las mismas tiranías arábigas, continúa con similares tics neocolonialistas y ligado a la inagotable avaricia de petróleo… Afortunadamente parece que la población árabe está despertando desde la primavera y ya nos ha dado alguna lección de democracia. Nuestros dirigentes occidentales apoyaron a las cleptocracias que han derribado porque sus pueblos estaban incapacitados para vivir democráticamente…. Sin embargo, en nombre de la democracia se invadió Irak y Afganistán… Que venga Groucho Marx a explicarlo…
Del estallido de la crisis vamos para cuatro años, y tampoco parece que hemos aprendido la lección. Eso creen algunos analistas (http://www.rebelion.org/noticias/economia/2011/9/4-anos-despues-y-las-ramas-no-nos-dejan-ver-el-bosque-135851). Diagnóstico: los mercados imponen su enloquecida, inexplicable ley (ni Groucho lo explica esta vez) que agranda la brecha entre ricos y pobres, pero la naturaleza también está imponiendo su inexorable, apocalíptica ley… Esto se parece cada vez más a una disaster movie.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Día de San Bartolomé de 2011
Si había alguna duda de que Nueva York era la capital del mundo, la furia de los elementos ha venido a confirmarlo. Los dioses siempre se ensañan con los gigantes y en un corto plazo la Gran Manzana ha sufrido una terrible ola de calor en julio, un terremoto (la víspera de San Bartolomé) y el huracán Irene cinco días después, el 28 de agosto, otra vez el 28. Les ha ocurrido a todas las urbes con vocación babilónica, la Gran Ramera según La Biblia: Atenas, Roma, Constantinopla/Estambul, Bagdad, Sevilla, París, Londres… No hace falta recurrir a la Sibila meteorológica, uno tiene la sensación de encontrarse en el ombligo del mundo, en la Nueva Roma contemporánea. En lo sustancial no han cambiado tanto las cosas, hay un dominio económico y político, un imperio global, amos privilegiados y esclavos. Claro, que los siervos de hoy están bajo el manto garante de los derechos humanos, aunque la explotación sea parecida. Los metecos neoyorquinos son los cocineros y camareros hispanos, los taxistas indostánicos, árabes o africanos… Todos aquellos que están al servicio de los señores de la clase media neoyorquina y sus majestades los turistas.
Me fascina NY, como me fascinaba la Atenas y Roma de la Antigüedad o la Florencia del Renacimiento. En todas ellas se atisba la mezcla de talento, creatividad y grandeza con miseria y explotación. La cara y cruz de la naturaleza humana. Viendo Nueva York se palpa ese impulso de Occidente que empezó en los griegos y que continúa todavía por aquí, donde se inventan nuestros sistemas de pensamiento y las ideas para dominar el mundo. En Shanghai o Pekín uno no tiene la misma impresión… Por eso creo que queda imperio americano para unos cuantos años, aunque haya empezado el tiempo de descuento o el declive y caída. Harold Bloom así lo diagnostica rememorando el célebre libro de Gibbon sobre el Imperio romano. El viejo intelectual hebreo observa síntomas compartidos: el auge del autoritarismo (Tea Party y otros fascio-delirios) y el fundamentalismo cristiano. Comparto la preocupación, pero apelo también a esa cara de la moneda del individuo que cree en su capacidad de trabajo, superación y éxito (el sueño americano). Como la piel de San Bartolomé, ese impulso del american way of life parece renovarse tras cada despelleje (y el de ahora es de los severos). Los emigrantes han asumido en América ese gen, en España más bien intentan emular la picaresca autóctona de agarrarse a la ubre de un Estado de Bienestar en ruinas. ¿Qué nos va a quedar entonces en la Vieja Europa?
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