Afuera rugen tormentas tropicales mientras me sumerjo en el submundo futurista de Alphaville (Jean-Luc Godard, 1965). En esa distopía parisina regida por el Gran Hermano se habían prohibido las palabras importantes: porqué, amor, llorar y conciencia... Nos suena muy lejano, pero a mí las noticias que me llegan a la isla de la distante y cercana España me hacen pensar en un panorama próximo a la película del genio ginebrino. El Gobierno Big Brother del PP se ha empeñado en imponernos una cadena de eufemismos que impidan llamar a las cosas por su nombre (ver mi artículo de El Periódico de Aragón del 21 de abril). Se empieza así, se continúa controlando la televisión pública y se finaliza imponiendo una miserable dictadura que, eso sí, llevara el marchamo de liberal. Pues ya sabemos por el TDT Party que en España tras la máscara liberal se ocultan los huevos de la serpiente.
BITÁCORA DE UN NÁUFRAGO INDIGNADO
Desde una isla casi desierta, un Robinson en el océano de la globalización. Atento/conectado/indignado veo pasar el mundo nada indiferente. Una verbena, un gran guiñol, un despropósito… Mas no puedo huir del sinsentido; estoy enganchado al destino de los demasiado humanos. Estoy condenado a pensar el mundo y verterlo en palabras y lanzarlo al mar en botellas de ceros y unos.
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sábado, 5 de mayo de 2012
UN PAÍS LLAMADO ALPHAVILLE
sábado, 21 de abril de 2012
RAJOY, ¿SENTIDO COMÚN O SINSENTIDO?
Uno de los leitmotivs de Mariano Rajoy y de su Gobierno es advocar la “sensatez” y el “sentido común”. La derecha española siempre ha gobernado aireando estos dos principios de salud mental. Los gobernantes derechistas desde 1939 lo han puesto de manifiesto. Franco impuso su sentido común a sangre, fuego y represión dejándonos una herencia de miserable retraso histórico en todos los frentes, aunque muy sensata, oiga. Tras el insensato Suárez (que no parecía de derechas) los insensatos izquierdistas tomaron el poder durante un largo periodo hasta que llegó la sensatez de Aznar, la del Prestige, la del Yakovlev 42, la de Perejil, por no hablar de una guerra en Irak que nos situó al lado del Imperio (había razones muy cabales para declararla, ante la inexorable amenaza de las armas de destrucción masiva…). Aquel gobierno vicepresidido por Rajoy se despidió con un descomunal ejercicio de sentido común en la gestión del atentado del 15-M. Ahora, tras el insensato Zapatero, padre de todos los desastres, ha llegado de nuevo el “sentido común”, ese que también advocaba Paco Martínez Soria para defender que los principios de siempre son los más cabales. Gracias a Dios que, tras años de tanta deriva de “modernismo”, ha venido a salvarnos el Gobierno Rajoy, poniendo las cosas en su sitio en la justicia, el aborto, la educación, la cultura y las relaciones laborales…
El buen juicio era necesario sobre todo en economía, que es la clave de nuestra redención como país en tan acuciantes circunstancias. Rajoy ha venido a salvarnos del acoso de los mercados, puesto que, como buen liberal, habla su idioma. De paso nos está liberando de los perversos sindicatos, de la dictadura de los trabajadores (han vivido con derechos de burgueses estas últimas décadas), de la clase funcionarial (los está metiendo en cintura) y de todos los subvencionados… Don Mariano ha hecho bien los deberes, que por ello se distinguió desde niño (tan bien educado)… Está cumpliendo mayormente con Bruselas, digo con Angela Merkel, digo con las exigencias de los acreedores, esos bancos alemanes que marcan el paso de la oca financiera caiga quien caiga. Ya han arrumbado a Grecia, Irlanda y Portugal, pero nosotros somos distintos, fuimos imperio y ahora nos están gestionando los hombres cabales que hicieron grande España. Estamos regidos por un hombre que siempre da la cara, un valiente que nunca huye ante los problemas, rasgo de su carácter de líder que los españoles necesitamos más que nunca. Él, como Churchill, nos exige sacrificios pero, como el viejo zorro inglés, avizora la victoria. Que la reforma laboral nos convierte en esclavos, veámoslo como la condición necesaria para crecer; los tremendos recortes en casi todo, también en sanidad y educación, son condiciones fundamentales para salir airosos y ahorrar dinero. Si hasta los ricos están haciendo sus sacrificios y esfuerzos…, porque el tándem Montoro/De Guindos les está obligando a sacar sus dineros del colchón a cambio de una amnistía fiscal, perdón, del “gravamen a activos ocultos”, como dijo el ministro de Hacienda con su gracejo andaluz.
Y es que tras la perniciosa, mendaz “etapa ZP” han llegado Mariano y los suyos a llamar al “pan pan y al vino vino”. Que no hay recesión, sino “crecimiento negativo” o “severa desaceleración”, tampoco recortes sino “eliminación de gastos improductivos” o “reordenación de recursos” (como definió la Ministra de Sanidad al llamado “copago/repago”)… Ah, y esa calumnia de que las clases trabajadoras y hasta los jubilados están pagando los platos rotos es implemente “impacto asimétrico de la crisis”. El Notario Mayor del Reino (Gallardón) también llama a las cosas por su nombre, puesto que los límites a la ley anterior del aborto son en realidad una “defensa de la maternidad” y las medidas para asentar definitivamente el conservador statu quo en la judicatura una “apuesta por la división de poderes” tan mermada por las marrullerías socialistas, mire usted. ¿Recortes en educación?, no hombre no, racionalización y excelencia. ¿Desmontaje de las industrias culturales?, simplemente hacer productivo ese sistema regido por la subvencionitis (exclusivo y elitista, porque ni la agricultura ni la pesca ni la minería ni buena parte de la industria están subsidiadas… Tampoco el fútbol, aunque lo paguen las televisiones públicas). También se habla de los hachazos a la investigación (seamos sensatos: “esas cosas” no son tan necesarias en tiempos de crisis…). ¿Fuga de cerebros?, búsqueda de oportunidades en el extranjero, que ya era hora de que aquí asumiéramos la movilidad en esta era globalizada.
Claridad y sensatez en el frente internacional, que el PP sí sabe defender con bemoles los intereses españoles, por ejemplo ante la pérfida Argentina y, aunque la UE y EEUU miren a otro lado, estamos recuperando peso específico. También en los asuntos de casa; porque si hay disturbios, movilizaciones o algaradas, el Ministro del Interior salvaguardará el sacrosanto orden público, que para eso está cocinando una ley que proteja a la autoridad y a los policías de las hordas del 15-M (todo el mundo pudo ver cómo este movimiento se distinguió por su incivismo y extrema violencia) y de los anti-sistema de siempre. Cautiva y desarmada la oposición roja, incoados todos los mecanismos hacia la estabilidad y el crecimiento, la economía española se encamina hacia una era de prosperidad. Europa nos entiende, los mercados premiarán nuestros sacrificios y, tal como ha profetizado nuestro visionario Ministro de Economía (esta vez sí acertará, no como en Lehman Brothers), volveremos a ver brillar el Sol. No nos cabe ninguna duda, estamos pilotados por el más preclaro sentido común, ¿o es sinsentido? En cualquier caso, siempre nos queda la monarquía como reserva de cordura.
Jaime Miñana @jaimeminana
11 PALABRAS PARA UNA CATARSIS
O de cómo el Rey recuperó el favor de
su pueblo
En el “mensaje embotellado” del
pasado 8 de marzo escribí que Juan Carlos I era un experto en crear
relatos heroicos a partir de lo que Jacques Lacan llamaba “la
verdad”, que, como cabe esperar, es mucho más prosaica y a veces
siniestra. Pues bien el episodio del elefante ha tirado por tierra
todo este talento fabulador, atribuible al monarca o, visto lo visto,
a sus comunicadores. Gravísima metedura de elefante la del Rey,
pocos reflejos los de su equipo de imagen al principio… Quizá
hubiera bastado con que contaran la verdad (aquí no había opción
para nada heroico): José Antonio Zarzalejos la contó en El Confidencial.
Hubiera bastado con dejar caer que el monarca se rompió la cadera
haciendo “el salto del tigre” con una aristócrata rubia con
nombre de filósofo y los españoles hubieran perdonado otra aventura
más del lúbrico Borbón. Pero eso de cazar elefantes, especie
protegida y tan simpática, siendo además presidente de honor de
WWL-Adena…
Tras el desconcierto inicial, el equipo
de comunicación de la Zarzuela reaccionó para escenificar una
catarsis televisiva de contrición. Las ya célebres “11 palabras”
(suena a cofradía de Semana Santa) parece que han recobrado la tan
querida imagen humana de Don Juan Carlos. Una certera maniobra en un
momento crucial, la historia heroica continúa, esta vez con lenguaje
fordiano: Juan Carlos sale del marco de la puerta, se encuentra
“casualmente” a los periodistas y escenifica con gesto compungido
de niño el perdón; después se pierde por el fondo, ayudado por
muletas, escoltado por el doctor en una fuga de héroe herido
de western hacia territorio mítico. El Rey se ha
reconciliado con su pueblo y allí estaban las televisiones elegidas
–las oficiales, que propiciaron el pie de la magnífica
interpretación: “Majestad cómo se encuentra”- para
convertirse en testigos y difundidores. “Lo siento mucho, me
he equivocado y no volverá a ocurrir”, el sello de un nuevo
pacto entre el monarca y sus súbditos, ¿o somos ciudadanos?
domingo, 15 de abril de 2012
EL REY DE LA SELVA
Hubo en tiempo en que la caza era la
manifestación del poder y la destreza de los reyes. Hoy día, en
tiempos tan políticamente correctos eso es una lanza que se vuelve
contra ellos… Juan Carlos, que está en una deriva de hago lo que
me da la gana, que ya he hecho mucho por España, ha pasado la línea
roja. El tabú de la Monarquía intocable se ha quebrado, me temo que
para siempre. El elefante, al contrario que en Estados Unidos, está
llamado a convertirse en un símbolo republicano.
No es la primera vez que ocurrió en
España, en el interesante falso documental El elefante del
Rey se anticipa algo de todo esto… El protagonista es Alfonso
XIII, el abuelo del actual Borbón reinante. A veces la ficción
supera a la realidad. Compruébenlo.
jueves, 8 de marzo de 2012
¿QUÉ ES LA IZQUIERDA, DÓNDE ESTÁ?
Javier Lambán, Secretario General del PSOE-Aragón
Artículo original (sin recortes)
Está claro qué es la derecha; un estado de conciencia sociopolítica que pretende refrendar el orden establecido: las cosas son así. Por eso apelan a la “Sensatez” (Rajoy y Cospedal mucho), al “sentido común” que consiste en no cambiar las cosas, porque el orden divino y humano las han dispuesto de esa guisa. La reflexión posmoderna ya ha dejado claro que nuestro hábitat cultural está conformado por constructos y relatos, pero los partidarios de la derecha entienden que el orden cósmico es neoliberal, conservador, desigual, definido por las sagradas leyes del Mercado…. Solo creen que hay que cambiar las cosas cuando aquellas se desvían de esa “recta vía”. Esa mudanza “terapéutica” la aplican ahora en España “a la gallega callando”, desmontando el Estado de Bienestar, evitando que se hurgue en la corrupción (los osados como Garzón o los inspectores de Hacienda son retirados), criminalizando a los sindicatos y a los manifestantes. Todo para mayor gloria de sus patriciados e intereses. Y no se les puede replicar: las cosas son así, eso es lo sensato, lo que dicta el “buen entender”.
Y la izquierda qué. ¿Qué significa la izquierda? Teóricamente debería encarnar ese impulso de cambio y de progreso que nace del convencimiento de que las cosas no son así, sino consecuencia del roce de intereses, la aplicación de modelos socioeconómicos y del juego de poderes. Desde una genuina perspectiva ideológica, la izquierda debería intervenir desde el poder otorgado por los ciudadanos para transformar la res publica en beneficio de todos, no de unos pocos, regulando los intereses de los poderosos en el sistema postcapitalista y garantizando los servicios públicos universales, así como la igualdad de derechos. Ese impulso transformador ha sido secuestrado en buena medida por una serie de camarillas de poder en el seno del principal partido socialdemócrata, muy acostumbrado a pisar las alfombras del poder durante décadas. Fulminadas por el aparato las opciones que apuntaban al verdadero reformismo (Borrell), la era ZP fue un espejismo de cambio; ha legado algún gesto teatral, una loable ampliación de derechos ciudadanos y poco más. Tras una retórica de progresismo de diseño, los poderes fácticos (banqueros, Iglesia, grandes empresas) han campando a sus anchas en el zapaterismo mientras se alimentaban las camarillas de intereses y el reparto de cargo en el circuito cerrado orgánico de la rosa. En el último congreso de Sevilla la disyuntiva era entre un amago (¿otro espejismo?) de renovación o el refrendo del aparato. Ganó éste último para que las cosas se mantuvieran como siempre, aderezadas con el verbo agudo e instruido de Rubalcaba (algo se ha avanzado respecto a la sonriente ignorancia de Zapatero).
“Dime con quién andas y te diré quién eres…”. Bajo una supuesta máscara de progresismo reencontrado -ahora resulta que quieren poner en cintura a la Iglesia, a Bruselas, al poder financiero-, los socialistas mantienen los vicios de siempre de un partido concebido para “pillar cacho”. Si ponemos el foco en lo más local, las cosas se aprecian mejor. En Aragón, sin ir más lejos, se ha cambiado la facción oscense (apostó a yegua perdedora) por la zaragozana, integrada por una serie de políticos que tienen en su principal haber su incuestionable habilidad para generar redes clientelares, repartos de cargos e intrigas palatinas. El representante que se ha enviado a la Ejecutiva Federal de Madrid no tiene titulación conocida (tampoco se echa de menos en una región que ha sido regida por un longevo presidente en similar estatus) y sus principales habilidades son de fontanería (política, claro). No apreciamos discursos alternativos, ilusionantes propuestas transformadoras más allá de la retórica al uso. El congreso de finales de marzo, al tiempo, refrendará esta impresión de vacío ideológico. Lo importante es situarse adecuadamente para recibir las magras canonjías y sinecuras disponibles y esperar tiempos mejores para repartir el maná del Poder. En este juego el Alcalde de Zaragoza, sigue a su bola, él ha montado su propio microuniverso municipal pactando con los poderes de siempre (le secunda un chico de una de las familias que tradicionalmente han movido el cotarro en la ciudad). Esta es la socialdemocracia de la realpolitik, aquella que es percibida como un bluf por una ciudadanía progresista que le ha dado la espalda masivamente. Porque los electores de izquierdas piden algo más que cataplasmas confortadoras (“las cosas son así”), demandan soluciones para mantener el Estado de Bienestar, para hacer posible una sociedad dirigida por los poderes ciudadanos no por los financieros, para mantener los derechos, para avanzar en esa senda de la modernidad ilustrada que en este país parece atrancarse siempre.
La izquierda debiera tener un hálito transformador y alternativo, incluso cuando está en el poder (poder es también “poder hacer” cosas para todos). El problema es que cuando se eterniza en las poltronas el poder deviene establishment. Eso es lo que ha ocurrido en la universidad española en general y en la de Zaragoza en particular, donde una camarilla de “pseudoprogresismo establecido” ha llevado las riendas desde los tiempos de la Transición salvo algún breve interregno. El resultado es que, salvo excepciones promovidas por honrosos profesionales, el tejido universitario es el más endogámico, falto de cualificación y de transparencia de todas las administraciones públicas. Donde debiera primar la excelencia impera el amiguismo, el chanchullo y la incompetencia. ¿Cómo es posible que todos los miembros de un tribunal que tiene potestad para hacer a un candidato funcionario sean elegidos por el propio departamento? Los resultados están ahí, lo certifican los pobres niveles de nuestra universidad en los escalafones mundiales. Eso sí, tenemos gente maja y muy de aquí. Ese sistema de “vasallaje e investidura” localista es lo que ha permitido la candidatura en el poder que ahora se presenta a las elecciones de nuestra universidad, curiosamente con la vitola de “progresismo”. Otro ejemplo de genuina izquierda. Y luego que los dejamos en la estacada…
Jaime Miñana, filósofo @jaimeminana
sábado, 3 de marzo de 2012
DE HÉROES Y REYES
Desmontaje y contrarreforma a la “gallega” callando
Sigue el desmontaje, de manera cautelosa pero inexorable por parte del Gobierno de Rajoy. La derecha tiene un plan “sensato”, como le gusta reiterar al presidente. Ellos planean otros ejecutan, el poder judicial (Garzón), la Brunete mediática que criminaliza sindicatos, estudiantes manifestantes y disidentes varios. Todo aquello que atente contra el “buen orden” es retirado, ya sea un juez estrella o los inspectores de hacienda, que osan meter las narices en asuntos tan sensibles como la trama Gürtel o el caso Urdangarín. Rajoy llegó a la Moncloa discretamente y así ordena desde allí esta contrarreforma que es mucho más efectiva y profunda que la que pretendió Aznar en su segundo mandato con mucho ruido y escasas nueces. El nuevo inquilino monclovita ha aprendido la lección.
domingo, 12 de febrero de 2012
CONTRARREFORMA Y APROPIACIÓN
El Gobierno del PP ha iniciado una ofensiva de involución en los derechos ciudadanos conquistados en la “ominosa cuasi-década” de ZP: la reforma de la ley de interrupción del embarazo (supuestos por plazos, consentimiento paterno obligatorio para las menores de 16 años), la volatilización de la píldora del día después, la supresión de la asignatura Educación para la ciudadanía, la probable reforma de la Ley de Costas, la prórroga de la vida de la nucleares, la Ley del Poder Judicial, una reforma laboral a la medida de la CEOE… ¡Aznar no se atrevió a tanto! Rajoy y sus ministros lo han abordado antes de las elecciones andaluzas, tras las que llegará una segunda oleada de medidas sacrificiales para la clase media y trabajadora. El Gobierno ha amagado con la ofensiva con un PSOE depresivo y en lid congresual, aprovechando que la ciudanía progresista está todavía noqueada… Con artera habilidad han lanzado el globo sonda para ver cómo reacciona la gente al tiempo que dan ánimos a sus votantes, un tanto desconcertados por la felonía antiliberal de la subida de impuestos. Estas maniobras, empero, al menos nos han permitido desenmascarar la naturaleza de este gobierno “centrista” claramente encarnado en la proteica figura de Alberto Ruiz Gallardón, quien ha defendido sus medidas como “progresistas” (¡!).
Gallardón es el mascarón posmoderno de la derecha española: cultiva una imagen civilizada y “progresista” para defender los intereses de los poderosos de siempre. Con esmerado refinamiento hace el trabajo sucio para aquéllos, siempre aderezado con un perfume que acredite su condición “avanzada” (que encabrita a ese poblado sector reaccionario del PP , dicharachero pero que cuenta poco en “la pomada” ). Por eso, tras el anuncio de medidas claramente involucionista, Don Alberto salió en defensa del matrimonio homosexual ganándose algún capón esperado de la caverna mediática. Este maestro de la isostasia política, del juego del enmascaramiento ha defendido su próxima reforma de la Ley del Poder Judicial como un canto a la separación de Poderes; sin embargo, lejos de honrar al divino Montesquieu, lo que consiguió es refrendar el dominio endogámico de las castas judiciales, que son mayoritariamente conservadoras.
El flamante Ministro de Justicia ha manifestado su escrupuloso respeto a la sentencia que inculpa al Juez Baltasar Garzón por prevaricación, como respetará toda la cadena de decisiones de un sistema judicial copado por las fuerzas afines a la derecha. Y además nos dará lecciones de ecuanimidad, sentido democrático, respeto al ordenamiento jurídico y “progresismo”. Este asunto de la Justicia dominada por determinados sectores nos lleva al meollo de este artículo: la apropiación paulatina, sistemática y pertinaz de los resortes de la Democracia española por parte de las fuerzas fácticas de siempre. Esas fuerzas no son entelequias, tienen entidad y hasta nombres y apellidos: poderes financieros, grandes empresas, la Iglesia Católica, el patriciado judicial… En su posibilismo socialdemócrata los gobiernos del PSOE solo lograron domeñar al Ejército, y no sería extraño que el PP lo intentara reencauzar por la “recta senda patriótica”. Quizá ésa sea la única fuerza fáctica del Franquismo que ha quedado afortunadamente transformada, quizá porque fuera la más visible y amenazante. Las otras se han travestido convenientemente y operan con esa libertad de maniobra que les permitió la Dictadura... Con una diferencia, ahora hasta se presentan, como el propio PP, como defensoras a ultranza de la democracia y la Constitución de 1978. Por eso se indignan cuando se cuestiona la taimadamente interesada sentencia sobre Garzón. Pero toda esta retórica de conversos democráticos se desmonta cuándo se hace una pregunta muy querida precisamente por los juristas: Qui prodest? Y la respuesta apunta a que esas fuerzas fácticas son casi siempre las beneficiadas: con las reformas laborales, con la subida de impuestos, con la fiscalidad (mayoritariamente sustentada en las rentas del trabajo), con las medidas económicas y las judiciales. Más allá de debates de técnica jurídica, los resultados son contundentes: Camps y Roca absueltos, Garzón inhabilitado por intentar luchar contra los corruptos (había que hacerlo ahora, condenar al Super-juez por defender las víctimas del franquismo hubiera sido un escándalo internacional). Parece evidente la paradoja, pero el contundente aparato mediático al servicio de esos grandes intereses se encarga de elaborar y difundir discursos ad hoc, definiendo quiénes son los buenos y los malos de este teatrillo. El ruido es ensordecedor.
ZP inició una loable ampliación de derechos ciudadanos, pero no se atrevió con los poderes fácticos, a los que dio incluso alas y más beneficios. Hasta la Iglesia Católica salió ganando con sus nuevas medidas fiscales mientras le llenaban las plazas en su contra. Ahora Rubalcaba se descuelga con la denuncia del Concordato de 1979: ¿será un amago de posibilismo socialdemócrata más -para contrarrestar las contrarreformas conservadoras- o el principio del reposicionamiento del PSOE para poner coto a esta apropiación sistemática de los poderes del Estado por parte de la derecha fáctica? El tiempo lo dirá. De momento los días corren a favor del PP, que va poco a poco apropiándose de los pocos cados que quedaban en la Democracia española fuera del control de “los suyos”.
Jaime Miñana, filósofo @jaimeminana
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